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domingo, 23 de diciembre de 2012

Feliz Navidad

Ya está aquí, ya ha vuelto con nosotros, como cada año ha llegado la Navidad. No podemos remediarlo, da igual que la estemos deseando o que la aborrezcamos, siempre llega puntual a su cita.

Siempre llega cargada de esperanza, porque el que ha tenido un año para olvidar espera que el que llega le cambie la suerte, y el que ha sido afortunado a lo largo del año deseada que la suerte no le olvide.

Son momentos de repasar lo sucedido, no todo es cuestión de la suerte, buena o mala, en muchas de las circunstancias acaecidas durante el año somos los únicos responsables y que mejor momento que el final de año para echar la vista atrás. Nuestras acciones han supuesto alegrías, tristezas, momentos intrascendentes (desgraciadamente la mayoría) pero por encima de todo han conformado otro año en nuestras vidas.
Es momento de buenos propósitos, y no me refiero a estudiar inglés o ir al gimnasio, aunque siempre debería ser tiempo para las buenas acciones.

También es tiempo de recordar a los que ya no están con nosotros, a los que perdieron la vida a lo largo del año pero principalmente a los que de una u otra forma se han alejado de nosotros, es de ellos de los que tenemos que acordarnos porque a los otros desgraciadamente ya no podemos hacer nada para que vuelvan con nosotros. Y por encima de todo debemos acordarnos de aquellos que ya no están junto a nosotros por nuestras acciones o por nuestras omisiones. Y seguro que encontramos unas cuantas excusas que justifiquen lo sucedido, pero seguro que si esas excusas las ponemos en una balanza y en el otro platillo situamos las razones para no haberlo hecho, veremos como la balanza se inclina rápidamente para estas últimas.

Pero no todo debe ser recordar los momentos difíciles, también debemos tener recordar las cosas buenas que este año nos ha dejado, porque aunque con momentos duros en la vida, siempre hay algo por lo que haya merecido la pena haber gastado un año de nuestras vidas. Y es en estos momentos en los que con más fuerza tenemos que luchar para que lo conseguido durante el año no caiga en el olvido.

Y por encima de todo son momentos para compartir, porque a diferencia de otras festividades también con origen religioso, en la Navidad existe unanimidad en aceptarla, no hay cabalgatas alternativas ni procesiones paganas. Bien es cierto que existen muchas formas de celebrar la Navidad, pero no es menos cierto que de una u otra forma se celebra.

Y como cada año ha llegado la Lotería, si esa que nunca toca pero que siempre nos trae la ilusión, y con ella el comienzo oficial de la Navidad por mucho que los polvorones y los turrones hace meses que llenan los estantes de los super. Y sin darnos cuenta la Nochebuena, y la Navidad, y las uvas, y los cotillones, las cabalgatas (ver las caras de esos diablos bajitos no tiene precio) y los roscones.

Desde aquí quiero daros un gran abrazo a todos; a los amigos por que lo son, a los enemigos porque sin ellos no tendrían sentido los amigos y a los demás porque...
ESTAMOS EN NAVIDAD.


FELICES FIESTAS A TODOS

sábado, 6 de octubre de 2012

Una noche de Julio

La tarde era muy calurosa, como corresponde a un día cualquiera del mes de Julio en Madrid. Más que calurosa se podría decir que era sofocante, pero no le importaba lo más mínimo. El día había sido agotador, algo demasiado habitual en los últimos tiempos, solo había una diferencia con el resto de los días, algo que lo hacía totalmente diferente, que hoy tenía una cita.

Cierto es que no era la primera cita, pero lo que la hacía especial a este era el lugar, había quedado a cenar en casa de Sofia. Y eso si era nuevo, nunca había pasado de la entrada las veces que había ido a buscarla.

Antes de salir de la oficina Daniel pasó por el baño. Un vistazo en el espejo para comprobar que todo seguía en orden, casi tan impecable como doce horas antes cuando se aprestaba a salir de casa camino del trabajo. Se montó en el coche, arrancó y comenzó a sonar la música.
No le convencía mucho lo que estaba escuchando y cambió de disco, prefería algo más calmado. No es que se encontrase nervioso, al contrario, se sentía tremendamente tranquilo, pero prefería una música más relajada.
Tardo mucho menos de lo normal en recorrer el trayecto que separaba la oficina de su casa, que fuera el mes de Julio y a esas horas ayudaba bastante. Las ocho en punto, fiel a su costumbre había llegado a la hora prevista.

El recibimiento no hacía presagiar nada interesante, no se puede decir que fuera frío, pero tampoco fue un alarde de pasión. Al menos ella estaba radiante, con un vestido verde que remarcaba su figura.

La tertulia se desarrollo en la cocina, con una sin alcohol en la mano mientras se terminaba de hacer la cena. Aunque en la calle el bochorno era importante, la temperatura en el interior era bastante más agradable gracias a la ligera brisa que corría entre las ventanas abiertas.

La mesa ya estaba lista y la cena también, solo faltaba encender las velas y descorchar la botella de vino blanco que habían sacado del frigorífico un instante antes.

La conversación continuó en la cena, cada vez más distendida, mientras de fondo se escuchaban las canciones de una emisora cualquiera. Poco importaba lo que sonara, la cercanía y el vino comenzaban a ser un cóctel extremadamente peligroso.

Recogieron la mesa mientras apuraban los restos de la botella de vino. Y el juego comenzó, o quizás continuó, quien sabe. Ella se sentó en un pequeño taburete mientras buscaba algo de música entre los cd's. El la siguió, y se sentó junto a ella mientras seguían conversando sobre el pasado, sobre la vida, sin remordimientos, solo recordando. La escena resultaba curiosa, a un lado de la estancia la mesa con las velas que aún continuaban ardiendo, y ellos en la esquina opuesta, sentados muy cerca el uno del otro, pero sin tocarse.

De repente algo cambió, algo dijo ella relativo a sus molestias en el cuello fruto del trabajo sedentario de oficina, y con la mayor naturalidad del mundo el tomó su cabeza entre sus manos, separando los dedos comenzó a recorrer con ambas manos su cuello, deslizándose desde la nuca hasta los hombros, con suavidad pero con presión. Ella cerró los ojos, esos inmensos ojos marrones, y se dejó hacer, al principio con mayor tensión, pero a medida que pasaban los segundos la escasa resistencia fue cediendo, ya no había barreras.

Estaban sentados uno frente al otro, las manos de él rodeaban la cabeza de ella, que se dejaba llevar, se la notaba que se encontraba totalmente relajada. Cada vez estaban más próximos, no podía ser de otra forma al intentar darla el masaje mirándola a la cara.
La música, las velas, el vino, su piel,... no lo puedo evitar, tan cerca se encontraba de ella que la besó. La besó en los labios con suavidad, con dulzura, cuando ella había bajado todas sus defensas. Parecía estar esperándolo.
Lentamente abrió los ojos, se miraron a escasos centímetros y ella le devolvió el beso, pero esta vez fue un beso consentido, lleno de pasión, el beso de dos enamorados una noche de Julio.


domingo, 23 de septiembre de 2012

Madrid, ciudad de contrastes

Siempre se ha dicho que Madrid es una ciudad de contrastes, una urbe multicultural donde tienen cabida todas las personas, todos los géneros, todas las ideas, siempre en constante evolución pero sin perder de vista las tradiciones arraigadas durante años. Este pasado domingo pude comprobarlo en toda su extensión.

Después de una comida familiar, decidimos dar un paseo todos juntos por Madrid Río. La temperatura era estupenda y la tarde perfecta para pasear, además a esas horas todavía no estaba masificado. ¡ Que diferencia con el entorno que teníamos hasta hace pocos años !, donde era imposible dar un paseo, incluso el acercarse hasta el río.

En poco tiempo llegamos hasta las naves del antiguo matadero, otrora lugar a evitar por sus emanaciones nada agradables. La transformación ha sido radical, pero conservando la estructura original. Se han habilitado salas de exposiciones, terrazas, bibliotecas, lugares donde escuchar música (muy curiosa por cierto la decoración interior), lugares de juegos,.. Pudimos observar alguna exposición de arte contemporáneo (no entro a valorar la calidad de algunas de las “obras” que vimos porque no me siento capacitado para ello), proyecciones inclasificables y hasta ¡ expendedores automáticos de obras de arte ! (y yo que pensaba que ya nada me sorprendería...).

Una buena mezcla, con una decoración a caballo entre el modernismo extremo y el total abandono (seguro que hay opiniones para todos los gustos).

Continuamos el paseo y llegamos hasta los alrededores del invernadero, el cual se encuentra también en unas antiguas instalaciones del matadero. Y aquí ya empezamos a encontrarnos con gente de todo tipo: paseando, sentados en la hierba, jugando, leyendo,... Unos eran Españoles, otros Hispanoamericanos, algunos Africanos, incluso encontramos Asiáticos. Pero a nadie parecía importarle la procedencia de cada uno, simplemente disfrutaban de la tarde.

Y nuevamente volvimos a toparnos con un curioso contraste, allí mismo habían instalado una verbena para conmemorar las fiestas de Arganzuela. Y aunque nos encontremos en la ciudad más grande de España, este tipo de fiestas te hacen recordar cualquier pueblo o ciudad pequeña de los muchos que existen por nuestra geografía. Porque en realidad los barrios no dejan de ser pequeños pueblos, y en estas fiestas se demuestra. La gente sale a disfrutar de las atracciones, poco importa que tengamos Parques Temáticos y que estas sean bastante perores, porque son las fiestas del barrio. Y puedes encontrar un matrimonio que por la edad aparentaban ser abuelos vestidos con sus mejores galas para salir a pasear por la feria, o a una pareja de chulapos ataviados para la ocasión, y a niños haciendo cola en las atracciones mientras que sus padres sacan los tickets.

Y a muy pocos metros de aquí, puedes observar a varios ciclistas con unas máquinas impresionantes, a patinadores, a gente paseando a los perros, a corredores,...
Y es que cuando sales de la Feria sales también del pequeño pueblo que es el barrio y vuelves de retorno a la gran ciudad, donde nadie se conoce, donde la gente se cruza sin saludarse, esa misma gente que unos minutos antes estaba tan animada en la Feria, pero que una vez finalizado ese momento de esparcimiento vuelven a su rutina.

Así es Madrid, un lugar donde puedes pasar de un Museo de Arte Contemporáneo a una Feria de barrio en tan solo unos metros.

¿ Será por eso por lo que me gusta tanto Madrid ?.



martes, 11 de septiembre de 2012

Vuelta al Cole

Vuelta al colegio, vuelta a la rutina. Aunque a decir verdad, lo que a los adultos nos parece rutina a los niños les parece algo totalmente novedoso.

¡ Que diferente forma de afrontar las cosas !.

Y todo empieza desde unos días antes, cuando empiezan los nervios por lo que vendrá, por saber que se encontrarán cuando lleguen, si estarán todos sus compañeros, si faltará alguno de sus mejores amigos, si el profesor será fulanito o menganito,... Y así podría continuar hasta cansarme, porque ellos encuentran en cada situación algo importante.

Por el contrario los adultos afrontamos la vuelta al trabajo con la mayor de las resignaciones, sin un atisbo de motivación que nos ayude a sobrellevarlo. Claro que a diferencia de los niños nosotros si sabemos con lo que nos vamos a encontrar, la misma gente, el mismo trabajo, la misma decoración, los mismos problemas,... Y así podría continuar hasta cansarme, porque los adultos nos cuesta horrores encontrar elementos positivos en nuestro día a día.

Y llega el momento, y salen de la cama con una cara que es todo un poema, que parece que no han dormido en toda la noche, que seguro que no está muy alejado de la realidad, porque la normalización de horarios después de las largas vacaciones es costosa, ríanse del jetlag después de una semana de viaje porque este viaje dura casi tres meses.
¡ Pero que poco les cuesta entrar en acción !, basta un desayuno, unos minutos de dibujos y ya están dispuestos a todo, preparados a comerse el mundo. Aunque los hay que les cuesta un poco más y todavía salen de casa pensando que no ha sido buena idea levantarse, que algo falla en este día por mucho que luzca el sol.

Claro que esto dura hasta que se cruzan con el primer amigo, y aquí todo cambia. Ya no se acuerdan que si le están viendo a esta hora es porque han tenido que madrugar. ¡ Que leches !, gracias a que han madrugado ya están con un amigo al que hace meses que no ven, y hay tantas cosas que contarse, que preguntarse, que compartir. Porque realmente les interesa todo lo que los demás les quieran decir, y poder contar ellos también lo que han pasado.

Exáctamente igual que los adultos, que sabemos que cuando lleguemos tenemos que soportar las historias de vacaciones de todos los compañeros, que parece una competición para ver quien se lo ha pasado mejor, quien ha hecho la mayor salvajada (en todos los sentidos), quien es el que ha conseguido todo eso gastándose tres reales,...

En fin, que ya estamos de vuelta a la rutina, que el tiempo pasa y las cosas no mejoran, al contrario, van a peor porque cada vez tenemos más años y cada vez nos alejamos más de la infancia. Bendita infancia.

Protejámosla porque es de las pocas cosas que nos hacen soltar una sonrisa en esta realidad en la que vivimos.


domingo, 17 de junio de 2012

La bola de nieve


Todavía sigue preguntándose que ocurrió, por más tiempo que pasa, por más veces que lo piensa, por más vueltas que le da no consigue descifrar el misterio. No consigue saber como llego a esa reacción de furia.

Quizás ya no tuviera sentido seguir pensando en ello, al fin y al cabo ya no tenía remedio, tenía que ser consecuente con sus actos y asumir su acción.
Y ese era el problema, que asumía su acción pero no la entendía, no llegaba a comprender que oscuro mecanismo cambió en su cabeza para que lo tirase todo por la borda. Y eso le preocupaba, le torturaba pensar que le pudiera volver a ocurrir.

Siempre le había resultado divertida la expresión de la “bola de nieve”, y la verdad es que ahora que la había sufrido en sus carnes había perdido toda la gracia, cuando esa bola de nieve se había transformado en alud y lo había sepultado todo.

Pero incluso esas bolas de nieve necesitan un detonante para empezar a formarse, y el necesitaba descubrir el motivo por el cual aquella pequeña bola de nieve empezó a rodar ladera abajo.

Pasado el tiempo había llegado al convencimiento que aquella pequeña bola de nieve fue una palabra. ¿ Pero como una sola palabra pudo desencadenar todo ?. Realmente una palabra aislada es poca cosa, pero puesta en un contexto determinado... “Cínico”, el solo recuerdo de la misma le golpeaba las sienes, le hacía retroceder y situar su mente en otro tiempo, en aquel momento en que el castillo de naipes comenzó a tambalearse.

Una vez que la bola empieza a rodar ya todo es cuestión de tiempo, sigue su curso inexorable, cada vez más grande, cada vez con más fuerza, recogiendo a su paso toda la nieve de alrededor. Cuando esto sucede lo mejor es rezar para que nada se interponga en su camino, que al final de la pendiente se encuentre con un llano que la frene en su vertiginoso viaje, y que una vez detenida, el sol se encargue del resto.
Desgraciadamente no había ningún llano al final de la pendiente. O puede que si que lo hubiera y que finalmente la bola hubiera terminado convirtiéndose en agua, simple y cristalina agua.
Pero él no la dejó llegar al final, se atravesó de forma temeraria en medio de la pendiente. En esas circunstancias el final era irremediable, la bola impacto contra él con violencia, provocando la expansión de la fuerza que llevaba dentro, fuerza que descontrolada provoca reacciones terribles.

Y eso fue lo que ocurrió, se desbocó la fuerza de la naturaleza y arrasó todo a su paso. Cuando se apagaron los ecos del estruendo pudo ver la desolación a su alrededor, pudo ver con nitidez el resultado de sus acciones.

Pero para su desgracia ya era demasiado tarde, ya solo le quedaba vivir con el recuerdo, es todo lo que le quedaba.


jueves, 7 de junio de 2012

La Feria del Libro


Como cada año, y este no podía ser una excepción, vuelve a Madrid la Feria del Libro. Nada más y nada menos que 71 ediciones a sus espaldas.

Tengo que reconocer que no es un evento que me llame demasiado la atención, la verdad es que no me llama la atención casi ningún evento de este tipo. Y puede resultar paradójico que una persona que hace sus pinitos como escritor no esté interesado en la Feria de la Literatura por excelencia, pero como decía no soy muy amante de estos saraos.

Ciertamente hacía muchos años que no asistía, tantos que casi ni me acordaba, y no será porque no me hayan hablado de ella.
Pero este año para romper la tradición la he visitado, y la verdad es que me ha sorprendido. Me ha sorprendido sí, tanto en lo positivo como en lo negativo.

Sinceramente no esperaba encontrarme con tal cantidad de casetas, sobre todo teniendo en cuenta la supuesta crisis del sector, por no hablar de la crisis general que azota al país.

Lo segundo que me sorprendió fue la gente que abarrotaba el Paseo de Coches, como en los mejores días de las clásicas carreras populares que comparten escenario. Claro que también la tarde acompañaba, las nubes habían rebajado la temperatura y nos habían dado un respiro del calor sofocante del día anterior.

También me impresionó la variedad de temas que se tocaban en los libros, novela, aventuras, cocina,... los había de pequeño tamaño y grandes como los antiguos libros de música de las iglesias.

Pero como decía también me sorprendieron negativamente varias cosas.

La primera fue la ubicación, y no es que no me guste el Retiro, pero no creo que en los tiempos que corren, con el auge de los libros digitales y del “paperless”, el mejor lugar para una Feria de consumidores de papel sea un parque. Básicamente y salvando las distancias (espero que nadie se sienta ofendido) es como montar una Feria del embutido Ibérico en una granja de cerdos, que seguro que a nadie le extraña, es más pensaran que el mejor reclamo para el embutido es ver a los cerdos correteando. Pues en este caso a mi me pasaba lo mismo con los grandes árboles del Paseo de Coches.

Pero por encima de todo, lo que más me chocó fueron las colas de personas esperando para que el autor les firmase el libro. Es lo lógico, pensaréis. Sería lógico si los que estuvieran dentro de la caseta fueran escritores, pero la verdad es que tengo serias dudas que así lo fueran, al menos en aquellos casos en los que más gente se arremolinaba. Es más, estoy completamente seguro que los verdaderos escritores no pasaron de firmar más allá de un par de ejemplares a la hora.

¿ Y quien eran entonces los que firmaban de forma multitudinaria ?. Los famosos, pero no los escritores famosos, simplemente los famosos a secas, de esos que inundan cualquier programa de televisión, esos que, al contrario de los escritores de verdad que utilizan la Feria para promocionar sus libros, utilizan los libros para promocionarse a si mismos. Solo así puede entenderse que estén firmando libros de cocina o similares y que la gente se pegue por ellos, esa misma gente que invierte los ahorros en una Termomix para no tener que cocinar.
¿ Un contrasentido ?. No, simple y llanamente es la puñetera realidad.

Y entonces es cuando caigo en la cuenta de la crisis del sector, y pienso si con ejemplares como estos (y no me refiero a los libros) realmente están favoreciendo el auge de la cultura o la están terminando de matar. Y paso junto a una caseta en la que se amontonan libros de siempre, Delibes, Carmen Laforet,.. y tantos y tantos otros y puedo identificar muchos de los libros que allí se exponen, y puedo identificarlos porque muchos de ellos los tuve que leer en mis tiempos de estudiante y lo que es peor, porque la caseta está vacía, tristemente vacía. La terrible constatación del poco interés que despiertan ahora esas joyas que nos hicieron crecer intelectualmente.

Aunque quizás la explicación no la tenga que buscar tan lejos y la tenga justo delante de mí, en estas líneas que torpemente he conseguido enlazar. Y es que hoy en día cualquiera puede ser escritor, incluso el que suscribe.
Tenemos ordenadores que nos ayudan con la ortografía, que nos permiten corregir y rehacer lo que nos interese, y por encima de todo nos permiten publicar sin coste ninguno y sin movernos del sillón. Inclusive, si estamos muy interesados podemos publicar nuestro libro a bajo coste en formato digital y unas cuantas copias en papel. Y todo ello sin importar ni el contenido ni la forma.





Pero a pesar de todo ello, me compré un buen libro para este verano y aquí sigo escribiendo.


domingo, 3 de junio de 2012

Belleza inalcanzable


No puedo resistirlo, no puedo dejar de admirar tu belleza.
En realidad no se porqué lo hago, siendo tan inalcanzable como eres, tan esquiva.

¿ Por qué no dejas que nadie se acerque a disfrutar de tu belleza ?. ¿ Tan mal te ha tratado la vida para que siempre te encuentres a la defensiva ?, siempre alerta, vigilante, presta para lastimar a todo el que ose acercarse a ti.

Y sin embargo eres hermosa, ¿ por qué insistes en atraernos hacia ti si siempre nos recibes igual ?.

Tu tersura aterciopelada me embriaga, tu perfume me invade, tu belleza me enamora, pero se que siempre seras inalcanzable.

Y dejaras que pase el tiempo exhibiéndote al mundo, atrayéndonos sin remedio pero sin dejar que nos acerquemos a ti.

Pero el tiempo es inexorable y terminará por ajar tu belleza, pero tu seguirás firme, sin desfallecer en tu empeño de autoprotegerte, hasta que nadie se fije en ti.

 












Acaba el mes de Mayo y con el la explosión de belleza de las rosas.



sábado, 26 de mayo de 2012

Velocidad y asfalto


La semana ha sido agotadora, no se como he podido resistirla. Todo con malas formas, todo para ayer, siempre la misma historia. Menos mal que ya estamos a sábado y las diez horas de cama me han sentado de maravilla, realmente las necesitaba.

El día es espléndido, las lluvias torrenciales fruto de las tormentas ya son historia y en la mañana luce un sol radiante que desprende un calor de justicia para las horas que estamos.

El desayuno fue algo ligero, apenas un café con leche. Ya almorzaría fuerte cuando llegase.
Había decidido salir con el coche a recorrer kilómetros, le encantaba hacerlo y al mismo tiempo, aunque resulte paradójico, le servía como mecanismo para relajarse. Desde que había cambiado su viejo coche por un compacto deportivo lo hacía muy a menudo.

Se preparó con ropa cómoda, bermudas amplios, camiseta ajustada y zapatillas deportivas. Por supuesto no podían faltar las gafas de solo modelo aviador, complemento imprescindible en días soleados como el de hoy.

Bajó al garaje, se montó en el coche y lo arrancó. El motor empezó a girar. Se ajustó el cinturón, seleccionó la emisora de música dance que le gustaba, engranó la primera y se puso en marcha.

La primera parte del recorrido era la que peor llevaba, siempre con tráfico denso, fuera el día que fuera. Es lo que tiene vivir en el centro. Veinte minutos y unos cuantos frenazos después ya atisbaba al fondo el comienzo de la carretera comarcal a la que se dirigía.

A su alrededor el campo estaba completamente verde y florido, los rigores del calor todavía no habían hecho estragos en la vegetación y la primavera brillaba con todo su esplendor. A ambos lados de la carretera los árboles la flanqueaban haciendo un inmenso pasillo.
Le gustaba enfilar está última recta a fondo, reducir de forma salvaje al llegar a la curva, pasar de quinta a tercera y nuevamente pie a tabla para mantener la trayectoria. Y a partir de ese punto enlazar curvas a derecha e izquierda durante un par de kilómetros, oscilando siempre entre tercera y cuarta, con el pie derecho como una peonza, oscilando entre freno y acelerador, con movimientos bruscos de la mano derecha para cambiar de marcha y nuevamente al volante para ayudar a la izquierda a mantener la trayectoria.
Esas primeras curvas le servían para ir tensando los nervios, preparando la adrenalina para lo realmente divertido, unos kilómetros más adelante donde la carretera bordeaba la montaña y las curvas ya no tenían la visibilidad de las primeras.

Pero ese día no pudo empezarlo como le gustaba, llevaba delante un coche que no tenía ninguna intención de derrochar gasolina. Y claro, al haberse levantado más tarde el tráfico en sentido contrario era más intenso de lo habitual. Conclusión, no pudo adelantarle y ya estaban negociando la primera curva.

Aunque conocía el recorrido al dedillo y sabía que era imposible adelantar hasta el final del primer tramo de curvas la ansiedad le podía. Aceleraba siempre más, y más deprisa que el coche que tenía delante lo que le provocaba bruscos frenazos para no alcanzarle y una incipiente dosis de nerviosismo.

Última curva y llegarían a una recta, no demasiado larga pero recta al fin y al cabo. Dejó algo de distancia antes de llegar a ella, redujo a tercera al entrar y aceleró, había que salir con fuerza.

¡ Mierda !, no contaba con el tráfico de frente, dos coches separados por la distancia justa para no poder adelantar antes de ninguno de ellos por mucha potencia que tuviera el coche. Nuevo frenazo y nueva espera. Calculó la velocidad de los coches que venían para mentalmente planificar el adelantamiento al final de la recta, al fin y al cabo si ya los estaba viendo a los dos era porque había sitio suficiente al final.

No pasaron más que unos segundos cuando se cruzó con el segundo de los coches, la recta se terminaba pero tenía el espacio justo. Redujo a tercera y apretó las manos contra el volante. Giro brusco a izquierda y casi de continuo a derecha. Estaba seguro de haber pisado la raya continua, pero había merecido la pena.

Efectivamente había finalizado el adelantamiento en zona prohibida y eso tiene sus consecuencias, había reducido el espacio de frenado antes de la curva a la mínima expresión. Frenó casi a fondo al mismo tiempo que hundía el pie izquierdo en el embrague, soltaba la mano derecha del volante y con un manotazo engranaba la tercera. La curva ya estaba casi en su mitad cuando consiguió girar el volante. El coche reaccionó a la perfección, tomando raudo la dirección correcta. Sujetó el volante con fuerza porque la inercia empujaba la parte trasera al exterior de la curva. Las ruedas comenzaron a chillar fruto de la falta de adherencia.
Ya casi lo había conseguido salvo por un pequeño matiz con el que no había contado, las lluvias de la semana habían arrastrado parte de la arena de la montaña hasta la carretera. Las ruedas al límite y la arena hacen un cóctel explosivo. El zigzag no se hizo esperar, intentó recuperar la trayectoria a base de contravolante pero la velocidad continuaba siendo excesiva y la carretera demasiado estrecha. Estaba perdiendo el control.

El conductor del coche que en ese momento se dirigía a la curva en la dirección opuesta pudo ver sus ojos desorbitados por el pánico justo en el instante en que el coche salía del asfalto y enfilaba el grueso tronco de uno de los árboles de la carretera. Tuvo el tiempo justo de frenar para no impactar también con el.

Descanse en Paz.


P.D. No creo que sea necesario incluir ninguna imagen, seguro que cada uno de nosotros tenemos alguna en nuestra retina.

domingo, 20 de mayo de 2012

Las Fiestas


Ya se han acabado las Fiestas de Villamanta, otro año más y van... No sabría decir el número exacto, pero debe rondar las treinta, y desde la primera creo que no he faltado a ninguna.

No son unas fiestas espectaculares pero tienen su encanto, sobre todo para los que cada año estamos allí. Con el paso de los años vamos recopilando una buena colección de anécdotas, algunas de las cuales es mejor no contar.
Son momentos de reencuentros, de gente que lleva mucho tiempo sin aparecer y en esos días del mes de Mayo siempre vuelven. Es esto precisamente una de las cosas que más me gusta, encontrarme con los amigos sin tener que haber quedado con ellos, solo tienes que ir a los sitios donde siempre están y allí los encuentras.

Mucho han cambiado las cosas desde aquellos primeros años en los que la plaza de toros se instalaba en la plaza del ayuntamiento. No hacía falta moverse de allí, en el mismo lugar estaba el baile, luego empezaba la vaquilla y unas horas después el encierro. Todavía eramos muy jóvenes, y parte del tiempo lo dedicábamos a perseguirnos por las gradas de la plaza, hasta que una de las tablas se movió y el que estaba pasando en ese momento se cayó hasta el suelo. La cosa no pasó a mayores.
En esos años era muy habitual las peleas, raro era el año que no había alguna. Aparecían muchas personas de los pueblos de alrededor, y ya se sabe como eran las relaciones entre pueblos vecinos en aquella época.

Como tampoco existían las leyes actuales en cuanto a los toros se refiere, había vaquillas para las mujeres e incluso alguna muy pequeña para los niños.

La verdad es que los toros siempre han dado mucho juego, y no precisamente el que dieran ante el capote en la plaza. A raíz de un incidente que ocurrió un año es cuando empezó a gestarse el cambio de ubicación de la plaza. Fue un año de mucho calor y sin lluvia, cosa extraña. El encierro fue muy largo, y los toros continuamente salían de la plaza y volvían calle arriba. El resultado fue que los encerraron en los cajones de chapa que hacían de toriles cerca de las dos de la tarde. A la hora de la corrida, uno de los toros había muerto y otro estaba en unas condiciones bastante malas.

También es muy recordado el primer año que montaron la plaza fuera del pueblo. Montaron un recorrido con tubos de andamio por un camino hasta la plaza. El sábado la cosa fue bien, pero el domingo a los toros les dio por darse la vuelta una vez en la plaza, y claro, todos los que estábamos en las vallas viendo el recorrido ya nos habíamos metido en la plaza. Y claro, los tubos desprovistos ya de gente, dejaban ver demasiado campo. No aguantaron ni la primera embestida, y allá que salieron corriendo los toros por el campo. Los tuvo que abatir a tiros la Guardia Civil a unos cuantos kilómetros de allí, no sin haber pasado algún que otro susto.
Ahora ya está todo mucho más regulado y con unas instalaciones más dignas.

Algo por el estilo ha ocurrido con las orquestas que han ido pasando por las Fiestas, de esas primeras orquestas pequeñas que los mismos músicos instalaban, tocaban, desmontaban y se marchaban conduciendo la furgoneta a las actuales que llevan un trailer lleno de material, con pantallas de video, coreografías, cambios de vestuario,... Pero tanto unas como otras siempre han cumplido el objetivo, que la gente se reuniera en la plaza a bailar, a charlar y en definitiva a compartir las Fiestas con los amigos.

Aunque últimamente esto se está perdiendo. Desde hace unos años están aflorando un sinfín de peñas repartidas por los locales del pueblo. Esto está provocando que cada vez sea más difícil ver a la gente, que cuando acaba el baile, o tienes una peña donde ir o te marchas a dormir. Los bares, que antaño estaban abiertos toda la noche ahora no pasan de las 3. Es cierto que algunas peñas en lugar de quedarse en locales alejados se juntan en la plaza, pero como todas llevan su propio avituallamiento el resultado para los bares es el mismo, falta de clientes.

Pero a pesar de todo, de la lluvia que no nos abandona casi ningún año, de la nostalgia de tiempos pasados, de los recuerdos, me siguen gustando las Fiestas de Villamanta.



 Vaquilla después del encierro en las Fiestas del 2012.



martes, 15 de mayo de 2012

El Oeste de Madrid


¡ Que poco disfrutamos de las maravillas que tenemos a nuestro alrededor !. Unas veces por desidia, otras por dejadez, las más por prisa, el caso es que diariamente recorremos lugares de nuestra ciudad a los que prestamos la misma atención que a las paredes de nuestro portal.

Como nos ocurre con tantas y tantas cosas (y personas), por el mero hecho de tenerlos junto a nosotros los usamos pero no los valoramos en su plenitud. Sin embargo no nos cansamos de glosar las maravillas de cualquier lugar del mundo que recorramos, París, Londres, Roma, Berlín,... cualquier ciudad nos parece más impresionante que la nuestra.

Pero resulta que la nuestra es Madrid, ciudad multicultural donde las haya, que esconde avenidas majestuosas, callejas abigarradas, museos, parques,... también es cierto que últimamente proliferan los engendros arquitectónicos que dan que pensar sobre la calidad de la titulación de arquitectura en este país (pero eso es otra historia).

De todos los lugares de Madrid hay uno al que le tengo un cariño especial, la vereda del Manzanares a la altura de San Pol de Mar. No se si será por la cercanía o porque fue donde empecé a recorrer kilómetros corriendo, porque me llevaban mis abuelos a Casa Mingo o quizás por ninguna de ellas.

Lo cierto es que es un lugar donde me siento muy bien. El recorrido desde el Puente de los Franceses hasta el puente de San Pol de Mar por el margen derecho del río es de los más agradables que se puedan encontrar en Madrid. A un lado dejas la M-30 con su tráfico espantoso, al otro la Avenida de Valladolid que no le anda a la zaga.

El caso es que entre ambas se encuentra una senda flanqueada de árboles donde se pueden encontrar muy a menudo pescadores ejercitando la pesca “sin muerte”, porque aunque pueda parecer extraño, en esta parte de la ciudad el río Manzanares parece un verdadero río, con sus puestos de pesca, sus piedras descolocadas haciendo el cauce, sus casitas para los patos y sobre todo su agua, tranquila y de una calidad más que aceptable. Atrás quedaron esos años donde el mero hecho de acercarse ya suponía un suplicio para nuestros olfatos.

Pero eso no es todo, se puede escuchar el ruido de los pájaros, observar a mama pata con su purriela chapoteando por el agua, niños jugando y perros sacando a pasear a sus amos (siempre es así aunque digamos lo contrario).

Y eso no es todo, si levantamos la vista podemos observar de fondo una de las vistas más bonitas de la ciudad, primero la Catedral de la Almudena, muchísimo más majestuosa desde esta posición que si nos acercamos hasta su base. Al fondo la impresionantecúpula de la Basílica de San Francisco el Grande, tercera más grande la cristiandad solo superada por dos templos de Roma, como no podía ser de otra forma (que casualidad, en esto estamos por delante de París y sus Inválidos, Londres y su Catedral de San Pablo e incluso de Estambul con su Santa Sofía). Un poco más adelante llegamos a divisar el Palacio Real (que no la casa Real como me han preguntado esta tarde unos turistas en Opera), bastante menospreciado por el uso que de el hizo un gobernante de este país, olvidando toda su historia anterior y posterior (que también la tiene).

Pero también tenemos en el margen izquierdo la Ermita de San Antonio de la Florida, con sus impresionantes frescos de Goya. Y si nos adentramos en los aledaños del Parque del Oeste descubriremos el muy poco conocido cementerio donde reposan los Héroes del 2 de Mayo y un poquito más arriba la impresionante Rosaleda del Parque del Oeste, que estos días se encuentra en su máximo esplendor con su concurso anual de rosas.




Al final me he desviado de la senda marcada inicialmente. Y es que Madrid tiene demasiado lugares hermosos y si tienes la suerte de recorrerlos en buena compañía, ¿ para qué salir de esta ciudad ?.

Disfrutadla.


jueves, 10 de mayo de 2012

Hoy ha sido un gran día


Parecía un día cualquiera, igual a los demás, pero algo iba a ser diferente.
Me ha cogido totalmente desprevenido, hacía tanto tiempo que no lo esperaba. Quizás fuera más acertado decir que lo llevaba esperando tanto tiempo que ya había perdido la esperanza que llegará, y por eso me ha resultado tan sorprendente.

No recuerdo cuando fue la ultima vez. Tampoco sabría decir como fue, lo he olvidado. Desgraciadamente no tomamos en consideración las cosas hasta que nos faltan. Incluso en ese momento no consideramos que sea una pérdida definitiva, por lo que no nos preocupa en exceso. Solo cuando ya caemos en la cuenta que hace mucho que no lo tenemos es cuando queremos recordar como era, y no lo conseguimos. Resulta que cuando lo teníamos no le prestábamos atención, solo lo disfrutábamos. Y cuando nos falta somos incapaces de volver a sentirlo aunque sea solo en nuestro subconsciente.

Pero hoy era el día. Después de mucho tiempo he recibido un abrazo. Pero no un abrazo cualquiera no, ha sido un abrazo como Dios manda, que me ha estremecido, lo he sentido por todo el cuerpo. No sabría decir cuantos segundos ha durado, pero me han parecido eternos. Y lo más importante es que me he sentido bien, a gusto, pleno, lo he disfrutado a tope.

Hoy, después de no se cuanto tiempo, he recibido el abrazo poderoso de los rayos del sol. Ya no eran ese tímido atisbo de semanas atrás, esos rayos tenues que ni tan siquiera conseguían que los tomáramos en consideración. No, hoy han sido unos rayos potentes, radicales, como corresponde al mediodía cuando caen a plomo sobre nuestras cabezas.

Que lejos quedan aquellos estertores del último verano, cuando por última vez había sentido esa sensación. Y no caí en la cuenta que podía ser el último en mucho tiempo. Pero por fin los tenemos de nuevo con nosotros.

Y habrá a quien no le gusten, para eso somos libres de pensamiento (lo de acción es otro cantar). Yo tengo que reconocer que en esto soy ecologista, firme defensor de la energía renovable, mis baterías son solares. Necesito el sol, sentirlo sobre mi cuerpo, que me abrace y me haga sentirme bien. El frió me contrae, me impide pensar. Eso por no hablar de los oscuros días de lluvia, a los que solo saco su encanto para verlos tras un cristal y si puede ser junto a una chimenea mucho mejor.

Pero no voy a pensar en ello, afortunadamente ya es cosa del pasado. Hoy toca pensar en los días que nos vienen, días de sol espléndido que nos ayudan a levantarnos con alegría, que nos hacen pensar en unas vacaciones cada vez más cercanas, en las terrazas, en los largos paseos al caer la tarde. Y en tantas y tantas cosas que nos apetece hacer cuando llega el buen tiempo.

Y si además llega el fin de semana y podemos disfrutar del día completo, ¡ que más vamos a pedir !.




Para todas las personas que como yo disfrutan del sol y del calor de la primavera y el verano, y muy especialmente para una.



sábado, 5 de mayo de 2012

Noche de luna


Nos bajamos de la guagua que nos transportaba desde el hotel, era como esos autobuses escolares de las películas Estadounidenses pero con mucho colorido y muy pocas luces. La música, caribeña por supuesto. Era mejor así, de esa forma no podías ver la realidad.

Cuando llegué a la puerta del local nada hacía presagiar como acabaría la noche. Desde luego no iba a ser lo que yo tenía en mente.

Alrededor de la puerta estaba plagado de personas deseando que las ayudaras a poder entrar dentro, ya que de otra forma les resultaba imposible. Entré deprisa, no quería saber nada de esa gente, no es que tuviera nada en contra, simplemente no me apetecía, no era lo que yo estaba buscando. Tampoco tenía muy claro que estaba buscando, pero algo dentro de mi me decía que eso no me convenía.

El sitio era bastante peculiar, con dos plantas decoradas con cañas de bambú. Las paredes exteriores eran balconadas con las barandillas del mismo material, sin cristales. Al fin y al cabo no molestaban a nadie, estaba directamente enclavado en la playa. No se estaba nada mal.

La noche fue pasando como otras muchas, observando de forma discreta a la gente del local, buscando algo diferente. El único entretenimiento resultó ser ver como el camarero preparaba las caipirinhas, todo un artista. Lástima que lo hiciera en vasos de plástico, es el precio que había que pagar por compartir espacio con uno de los restaurantes de la playa.
La verdad es que tarde algo de tiempo en caer en la cuenta que era el mismo lugar donde por la mañana me había tomado una piña colada después de dar un paseo en un velero.

El baile nunca ha sido mi fuerte, y después de varias horas escuchando salsa, bachata, ballenato y no se cuantas variedades más, todo me parecía lo mismo. Ya seguía tan solo como cuando me había bajado del avión unos días antes, después de un viaje de más de diez horas y una escala intermedia. Después del compañero de avión que me cayó en suerte, casi que agradecía la soledad.

Por mucho calor que hiciera, seis caipirinhas y no se cuantas piñas coladas a lo largo del día empezaban a ser demasiadas. Si no bebía más, ni bailaba, ni hablaba con nadie, ¿ que pintaba allí ?.

Decidí que ya era hora de poner punto y final a aquella noche, al menos esa era mi intención, así que puse rumbo a la puerta para coger la guagua de regreso al hotel.

Me dijeron que se acababa de marchar y que tardaría unos quince minutos. Me giré y vi la playa. La calle tenía muy poca luz, pero increiblemente la playa estaba iluminada. Era consecuencia de una luna llena espectacular, que dejaba una estela de luz en el mar Caribe que llegaba hasta la arena, como si de un camino se tratará.



Me quedé maravillado contemplándolo, caminando inconscientemente hasta la orilla. Hasta que algo ocurrió.

- ¿ Por qué no vas con ella ?.

Me volví y vi a un niño de no más de 8 años, ¡ a esas horas de la noche y un niño !. Viendo mi cara de sorpresa me volvió a decir.

- ¿ Por qué no vas con ella ?, está llorando.

Me cogió de la mano y me acercó, dejándome solo a unos pasos de ella. Efectivamente estaba llorando. Yo no la conocía de nada, ni tan siquiera me sonaba de haberla visto en el local, pero por su apariencia era indudable que había seguido los mismo pasos que yo.

- ¿ Puedo ayudarte en algo ?.
- No gracias
- No quería interrumpirte, de hecho ni sabía que llorabas. En realidad ni había dado cuenta que estabas aquí. - Y señalando al niño continué -. Ha sido el quien me ha traído hasta aquí.
- Hay que ver que sensibilidad tienen los niños. No se preocupe, estoy bien.
- No se lo que te ocurrirá, pero no merece la pena que estés llorando aquí sola y no estés disfrutando de una noche como esta.
- En serio, estoy bien, solo que me apetece estar sola.
- Entendido, yo ya me marchaba.

Me aparté unos cuantos pasos y me quedé pensando en lo ocurrido. No tenía ni idea de lo que la ocurría, ni tan siquiera si era por algo de esa noche o ya lo traía cuando llegó. Tampoco sabría decir a ciencia cierta su procedencia, el acento era Argentino o Uruguayo, nunca he sabido distinguirlos.

No tardó mucho en llegar la guagua del hotel. Me monté y procuré sentarme en una zona alejada. Todavía me quedaban unos días para disfrutar de las vacaciones.

No volví a saber nada más de ella.


sábado, 28 de abril de 2012

Una MUJER con mayúsculas


Hoy es un día triste, hoy nos ha dejado para siempre una MUJER con mayúsculas. Esta mañana fallecía mi abuela política a los 98 años menos 8 días.

Nadie que la conociera puede poner en duda su calidad humana, sus ganas de vivir, su espíritu a prueba de bombas, su vitalidad. Pocas personas he conocido que dejasen tanta huella como ella, de hecho creo que solo la recuerdo a ella y a una tía de mi padre, la Tía Lola (que Dios la conserve con nosotros muchos años).

Fue una mujer con coraje, que no tuvo una vida fácil. Todo el que nació antes de la guerra sabe lo que es pasar dificultades, y ella lo sufrió. Pero no se quedo ahí, siendo muy joven se quedo viuda y con dos hijas. En nuestros tiempos, una mujer sola con dos hijas es algo casi normal, pero en aquellos años no lo era. Sin ayuda fue capaz de sacar adelante a sus hijas. Y lo consiguió.

Pero la vida es muy complicada y cuando parece que te está dejando vivir, simplemente es que te ha dado un respiro. Y eso es lo que la ocurrió a ella, cuando parecía que todo estaba bien, con sus hijas casadas y con dos nietas, volvieron los problemas. Llego la separación de una de ellas, algo muy normal hoy en día, pero muy extraño en los años 70. Tampoco le fueron mucho mejor las cosas a la otra hija, con unas circunstancias diferentes, pero con el mismo resultado.

Fueron unos años difíciles, con dos nietas muy jóvenes que sacar adelante y con muchos problemas añadidos que no es necesario recordar.

Pero ella continuó firme en sus convicciones de seguir viviendo y buscar la parte positiva de las cosas.

Tuvo que convivir con circunstancias muy extrañas, de esas que las cuentas y la gente piensa que son inventadas. Pero no, eran totalmente reales y ella las asumió, no le gustaban, pero las aceptaba. Esa era su grandeza.

Luego vinieron momentos buenos, llegaron los bisnietos y la trajeron muchas más ganas de vivir. Nunca olvidaré cuando al nacer su primer bisnieto, con 89 años, dijo tenía la ilusión de verle hacer la Comunión.

Y que jodida es la vida, durante estos nueve años ha superado una fractura en la mano en un accidente de tráfico, una pulmonía, una fractura de cadera, su hija varios meses en el hospital, la pérdida de su nieta, de su yerno, y cuando le faltaban 16 días para llegar a su ilusión, su corazón ha dicho no puedo más.

Cuando esta mañana han ido a buscar al médico para que certificara el fallecimiento y ha buscado su historial ha dicho: “es que casi no tenemos nada de ella”. Y es la realidad, ha vivido hasta el último día con una salud de hierro, sin tener que tomar pastillas, sin necesidad de visitar al médico, leyendo su periódico, bajando a la peluquería o a echar la primitiva, cocinando o viendo la televisión, con su bote de cerveza de Mahou de las verdes (la cinco estrellas solo la compraba para mí) que tomaba a medias entre la comida y la cena. Y en ocasiones, un chupito.

Uno de los momentos que recuerdo con más cariño fue una noche hace tres años en Alicante, estaba su hija en el hospital y ella se pasaba casi todo el día sola en casa. Fuimos a pasar un par de días allí para hacerla compañía. En el frigorífico había una botella de crema de aguardiente y decidimos tomarnos una copa después de cenar. Ese día ella nos dijo que no quería, preparé dos copas las pude un poco de hielo y ella empezó a sonreír, abrí la botella y me dispuse a llenar la primera copa. No salía nada y pensé que del azúcar se había quedado pegado el tapón. Su sonrisa empezaba a ser carcajada. Hasta que nos dimos cuenta que la botella estaba vacía. Por eso nos dijo que no quería. Así era ella.

Hoy nos ha dejado su cuerpo, su espíritu seguirá con nosotros eternamente. Descanse en paz una excelente persona.


jueves, 26 de abril de 2012

El paso del tiempo


¡ Cuanto ha cambiado la vida en las últimas décadas !, ¡ que difícil resulta imaginar como era la vida hace 50 años !.

Aunque ahora nos resulte difícil de creer, hasta los años 60 en Madrid existían faroles de gas. Y con ellos los faroleros. Si, faroleros, mi abuelo fue uno de los últimos, justo unos años antes de la desaparición total de la profesión, con la electrificación total de la ciudad.

Era un oficio duro, de los que antes eran habituales y que ahora no concebimos. Cada tarde, antes del ocaso tenía que recorrer las calles que tenían asignadas para iluminar la ciudad. Uno a uno tenían que ir revisándolos, limpiándolos cuando fuera necesario y cada día abrir la espita con la llave para a continuación, con el chuzo encender la llama.

Así uno tras otro, sin pausa, que la noche caía deprisa y las calles se quedaban a oscuras. En esos tiempos no existía el tráfico de hoy en día, ni tantos luminosos por las calles por lo que la labor de los faroleros era fundamental.

Pero su trabajo no quedaba en eso. Cada mañana, antes del amanecer, debían pasar revista en la central para a continuación volver a realizar la ronda apagando uno por uno los mismos faroles que la tarde anterior habían encendido.

Se les podía ver por las calles con su guardapolvos azul y el chusco en la mano.

Cada Navidad, como mandaba la tradición iban de casa en casa repartiendo felicitaciones de Navidad para conseguir unas pocas monedas, ese aguinaldo que hiciera un poco más fácil las fiestas.
Eran los tiempos en los que todavía existían los serenos, vigilantes de la noche y ángeles de la guardia del vecindario. Conocían todos los movimientos de los vecinos, las costumbres y sus horarios. Siempre estaban prestos para abrir la puerta incluso antes de llamarles. Claro que en aquella época el medio de locomoción principal en la noche era caminar, y eso les facilitaba mucho la labor.


 



Son oficios que solo quedan en el recuerdo, en algunos textos y cada vez en menos memorias. A los faroleros no llegue a verlos en acción, a los serenos sí aunque todavía era un niño. Pero también conocí los trolebuses, las vaquerías en el centro de la ciudad, el Matadero de Legazpi, el Mercado Central de Pescados en la Puerta de Toledo (que olores despedía)...

Pensándolo bien, no estaría mal escribir sobre todos esos recuerdos de la niñez que desgraciadamente para las nuevas generaciones solo podrán tener mediante los libros.