Ya se han acabado las Fiestas de
Villamanta, otro año más y van... No sabría decir el número
exacto, pero debe rondar las treinta, y desde la primera creo que no
he faltado a ninguna.
No son unas fiestas espectaculares pero
tienen su encanto, sobre todo para los que cada año estamos allí.
Con el paso de los años vamos recopilando una buena colección de
anécdotas, algunas de las cuales es mejor no contar.
Son momentos de reencuentros, de gente
que lleva mucho tiempo sin aparecer y en esos días del mes de Mayo
siempre vuelven. Es esto precisamente una de las cosas que más me
gusta, encontrarme con los amigos sin tener que haber quedado con
ellos, solo tienes que ir a los sitios donde siempre están y allí
los encuentras.
Mucho han cambiado las cosas desde
aquellos primeros años en los que la plaza de toros se instalaba en
la plaza del ayuntamiento. No hacía falta moverse de allí, en el
mismo lugar estaba el baile, luego empezaba la vaquilla y unas horas
después el encierro. Todavía eramos muy jóvenes, y parte del
tiempo lo dedicábamos a perseguirnos por las gradas de la plaza,
hasta que una de las tablas se movió y el que estaba pasando en ese
momento se cayó hasta el suelo. La cosa no pasó a mayores.
En esos años era muy habitual las
peleas, raro era el año que no había alguna. Aparecían muchas
personas de los pueblos de alrededor, y ya se sabe como eran las
relaciones entre pueblos vecinos en aquella época.
Como tampoco existían las leyes
actuales en cuanto a los toros se refiere, había vaquillas para las
mujeres e incluso alguna muy pequeña para los niños.
La verdad es que los toros siempre han
dado mucho juego, y no precisamente el que dieran ante el capote en
la plaza. A raíz de un incidente que ocurrió un año es cuando
empezó a gestarse el cambio de ubicación de la plaza. Fue un año
de mucho calor y sin lluvia, cosa extraña. El encierro fue muy
largo, y los toros continuamente salían de la plaza y volvían calle
arriba. El resultado fue que los encerraron en los cajones de chapa
que hacían de toriles cerca de las dos de la tarde. A la hora de la
corrida, uno de los toros había muerto y otro estaba en unas
condiciones bastante malas.
También es muy recordado el primer año
que montaron la plaza fuera del pueblo. Montaron un recorrido con
tubos de andamio por un camino hasta la plaza. El sábado la cosa
fue bien, pero el domingo a los toros les dio por darse la vuelta una
vez en la plaza, y claro, todos los que estábamos en las vallas
viendo el recorrido ya nos habíamos metido en la plaza. Y claro, los
tubos desprovistos ya de gente, dejaban ver demasiado campo. No
aguantaron ni la primera embestida, y allá que salieron corriendo
los toros por el campo. Los tuvo que abatir a tiros la Guardia Civil
a unos cuantos kilómetros de allí, no sin haber pasado algún que
otro susto.
Ahora ya está todo mucho más regulado
y con unas instalaciones más dignas.
Algo por el estilo ha ocurrido con las
orquestas que han ido pasando por las Fiestas, de esas primeras
orquestas pequeñas que los mismos músicos instalaban, tocaban,
desmontaban y se marchaban conduciendo la furgoneta a las actuales
que llevan un trailer lleno de material, con pantallas de video,
coreografías, cambios de vestuario,... Pero tanto unas como otras
siempre han cumplido el objetivo, que la gente se reuniera en la
plaza a bailar, a charlar y en definitiva a compartir las Fiestas con
los amigos.
Aunque últimamente esto se está
perdiendo. Desde hace unos años están aflorando un sinfín de peñas
repartidas por los locales del pueblo. Esto está provocando que cada
vez sea más difícil ver a la gente, que cuando acaba el baile, o
tienes una peña donde ir o te marchas a dormir. Los bares, que
antaño estaban abiertos toda la noche ahora no pasan de las 3. Es
cierto que algunas peñas en lugar de quedarse en locales alejados se
juntan en la plaza, pero como todas llevan su propio avituallamiento
el resultado para los bares es el mismo, falta de clientes.
Pero a pesar de todo, de la lluvia que
no nos abandona casi ningún año, de la nostalgia de tiempos
pasados, de los recuerdos, me siguen gustando las Fiestas de
Villamanta.
Vaquilla después del
encierro en las Fiestas del 2012.

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