Vistas de página en total

domingo, 23 de septiembre de 2012

Madrid, ciudad de contrastes

Siempre se ha dicho que Madrid es una ciudad de contrastes, una urbe multicultural donde tienen cabida todas las personas, todos los géneros, todas las ideas, siempre en constante evolución pero sin perder de vista las tradiciones arraigadas durante años. Este pasado domingo pude comprobarlo en toda su extensión.

Después de una comida familiar, decidimos dar un paseo todos juntos por Madrid Río. La temperatura era estupenda y la tarde perfecta para pasear, además a esas horas todavía no estaba masificado. ¡ Que diferencia con el entorno que teníamos hasta hace pocos años !, donde era imposible dar un paseo, incluso el acercarse hasta el río.

En poco tiempo llegamos hasta las naves del antiguo matadero, otrora lugar a evitar por sus emanaciones nada agradables. La transformación ha sido radical, pero conservando la estructura original. Se han habilitado salas de exposiciones, terrazas, bibliotecas, lugares donde escuchar música (muy curiosa por cierto la decoración interior), lugares de juegos,.. Pudimos observar alguna exposición de arte contemporáneo (no entro a valorar la calidad de algunas de las “obras” que vimos porque no me siento capacitado para ello), proyecciones inclasificables y hasta ¡ expendedores automáticos de obras de arte ! (y yo que pensaba que ya nada me sorprendería...).

Una buena mezcla, con una decoración a caballo entre el modernismo extremo y el total abandono (seguro que hay opiniones para todos los gustos).

Continuamos el paseo y llegamos hasta los alrededores del invernadero, el cual se encuentra también en unas antiguas instalaciones del matadero. Y aquí ya empezamos a encontrarnos con gente de todo tipo: paseando, sentados en la hierba, jugando, leyendo,... Unos eran Españoles, otros Hispanoamericanos, algunos Africanos, incluso encontramos Asiáticos. Pero a nadie parecía importarle la procedencia de cada uno, simplemente disfrutaban de la tarde.

Y nuevamente volvimos a toparnos con un curioso contraste, allí mismo habían instalado una verbena para conmemorar las fiestas de Arganzuela. Y aunque nos encontremos en la ciudad más grande de España, este tipo de fiestas te hacen recordar cualquier pueblo o ciudad pequeña de los muchos que existen por nuestra geografía. Porque en realidad los barrios no dejan de ser pequeños pueblos, y en estas fiestas se demuestra. La gente sale a disfrutar de las atracciones, poco importa que tengamos Parques Temáticos y que estas sean bastante perores, porque son las fiestas del barrio. Y puedes encontrar un matrimonio que por la edad aparentaban ser abuelos vestidos con sus mejores galas para salir a pasear por la feria, o a una pareja de chulapos ataviados para la ocasión, y a niños haciendo cola en las atracciones mientras que sus padres sacan los tickets.

Y a muy pocos metros de aquí, puedes observar a varios ciclistas con unas máquinas impresionantes, a patinadores, a gente paseando a los perros, a corredores,...
Y es que cuando sales de la Feria sales también del pequeño pueblo que es el barrio y vuelves de retorno a la gran ciudad, donde nadie se conoce, donde la gente se cruza sin saludarse, esa misma gente que unos minutos antes estaba tan animada en la Feria, pero que una vez finalizado ese momento de esparcimiento vuelven a su rutina.

Así es Madrid, un lugar donde puedes pasar de un Museo de Arte Contemporáneo a una Feria de barrio en tan solo unos metros.

¿ Será por eso por lo que me gusta tanto Madrid ?.



martes, 11 de septiembre de 2012

Vuelta al Cole

Vuelta al colegio, vuelta a la rutina. Aunque a decir verdad, lo que a los adultos nos parece rutina a los niños les parece algo totalmente novedoso.

¡ Que diferente forma de afrontar las cosas !.

Y todo empieza desde unos días antes, cuando empiezan los nervios por lo que vendrá, por saber que se encontrarán cuando lleguen, si estarán todos sus compañeros, si faltará alguno de sus mejores amigos, si el profesor será fulanito o menganito,... Y así podría continuar hasta cansarme, porque ellos encuentran en cada situación algo importante.

Por el contrario los adultos afrontamos la vuelta al trabajo con la mayor de las resignaciones, sin un atisbo de motivación que nos ayude a sobrellevarlo. Claro que a diferencia de los niños nosotros si sabemos con lo que nos vamos a encontrar, la misma gente, el mismo trabajo, la misma decoración, los mismos problemas,... Y así podría continuar hasta cansarme, porque los adultos nos cuesta horrores encontrar elementos positivos en nuestro día a día.

Y llega el momento, y salen de la cama con una cara que es todo un poema, que parece que no han dormido en toda la noche, que seguro que no está muy alejado de la realidad, porque la normalización de horarios después de las largas vacaciones es costosa, ríanse del jetlag después de una semana de viaje porque este viaje dura casi tres meses.
¡ Pero que poco les cuesta entrar en acción !, basta un desayuno, unos minutos de dibujos y ya están dispuestos a todo, preparados a comerse el mundo. Aunque los hay que les cuesta un poco más y todavía salen de casa pensando que no ha sido buena idea levantarse, que algo falla en este día por mucho que luzca el sol.

Claro que esto dura hasta que se cruzan con el primer amigo, y aquí todo cambia. Ya no se acuerdan que si le están viendo a esta hora es porque han tenido que madrugar. ¡ Que leches !, gracias a que han madrugado ya están con un amigo al que hace meses que no ven, y hay tantas cosas que contarse, que preguntarse, que compartir. Porque realmente les interesa todo lo que los demás les quieran decir, y poder contar ellos también lo que han pasado.

Exáctamente igual que los adultos, que sabemos que cuando lleguemos tenemos que soportar las historias de vacaciones de todos los compañeros, que parece una competición para ver quien se lo ha pasado mejor, quien ha hecho la mayor salvajada (en todos los sentidos), quien es el que ha conseguido todo eso gastándose tres reales,...

En fin, que ya estamos de vuelta a la rutina, que el tiempo pasa y las cosas no mejoran, al contrario, van a peor porque cada vez tenemos más años y cada vez nos alejamos más de la infancia. Bendita infancia.

Protejámosla porque es de las pocas cosas que nos hacen soltar una sonrisa en esta realidad en la que vivimos.