Siempre se ha dicho que Madrid es una
ciudad de contrastes, una urbe multicultural donde tienen cabida
todas las personas, todos los géneros, todas las ideas, siempre en
constante evolución pero sin perder de vista las tradiciones
arraigadas durante años. Este pasado domingo pude comprobarlo en
toda su extensión.
Después de una comida familiar,
decidimos dar un paseo todos juntos por Madrid Río. La temperatura
era estupenda y la tarde perfecta para pasear, además a esas horas
todavía no estaba masificado. ¡ Que diferencia con el entorno que
teníamos hasta hace pocos años !, donde era imposible dar un paseo,
incluso el acercarse hasta el río.
En poco tiempo llegamos hasta las naves
del antiguo matadero, otrora lugar a evitar por sus emanaciones nada
agradables. La transformación ha sido radical, pero conservando la
estructura original. Se han habilitado salas de exposiciones,
terrazas, bibliotecas, lugares donde escuchar música (muy curiosa
por cierto la decoración interior), lugares de juegos,.. Pudimos
observar alguna exposición de arte contemporáneo (no entro a
valorar la calidad de algunas de las “obras” que vimos porque no
me siento capacitado para ello), proyecciones inclasificables y hasta
¡ expendedores automáticos de obras de arte ! (y yo que pensaba que
ya nada me sorprendería...).
Una buena mezcla, con una decoración a
caballo entre el modernismo extremo y el total abandono (seguro que
hay opiniones para todos los gustos).
Continuamos el paseo y llegamos hasta
los alrededores del invernadero, el cual se encuentra también en
unas antiguas instalaciones del matadero. Y aquí ya empezamos a
encontrarnos con gente de todo tipo: paseando, sentados en la hierba,
jugando, leyendo,... Unos eran Españoles, otros Hispanoamericanos,
algunos Africanos, incluso encontramos Asiáticos. Pero a nadie
parecía importarle la procedencia de cada uno, simplemente
disfrutaban de la tarde.
Y nuevamente volvimos a toparnos con un
curioso contraste, allí mismo habían instalado una verbena para
conmemorar las fiestas de Arganzuela. Y aunque nos encontremos en la
ciudad más grande de España, este tipo de fiestas te hacen recordar
cualquier pueblo o ciudad pequeña de los muchos que existen por
nuestra geografía. Porque en realidad los barrios no dejan de ser
pequeños pueblos, y en estas fiestas se demuestra. La gente sale a
disfrutar de las atracciones, poco importa que tengamos Parques
Temáticos y que estas sean bastante perores, porque son las fiestas
del barrio. Y puedes encontrar un matrimonio que por la edad
aparentaban ser abuelos vestidos con sus mejores galas para salir a
pasear por la feria, o a una pareja de chulapos ataviados para la
ocasión, y a niños haciendo cola en las atracciones mientras que
sus padres sacan los tickets.
Y a muy pocos metros de aquí, puedes
observar a varios ciclistas con unas máquinas impresionantes, a
patinadores, a gente paseando a los perros, a corredores,...
Y es que cuando sales de la Feria sales
también del pequeño pueblo que es el barrio y vuelves de retorno a
la gran ciudad, donde nadie se conoce, donde la gente se cruza sin
saludarse, esa misma gente que unos minutos antes estaba tan animada
en la Feria, pero que una vez finalizado ese momento de esparcimiento
vuelven a su rutina.
Así es Madrid, un lugar donde puedes
pasar de un Museo de Arte Contemporáneo a una Feria de barrio en tan
solo unos metros.
¿ Será por eso por lo que me gusta
tanto Madrid ?.
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