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sábado, 6 de octubre de 2012

Una noche de Julio

La tarde era muy calurosa, como corresponde a un día cualquiera del mes de Julio en Madrid. Más que calurosa se podría decir que era sofocante, pero no le importaba lo más mínimo. El día había sido agotador, algo demasiado habitual en los últimos tiempos, solo había una diferencia con el resto de los días, algo que lo hacía totalmente diferente, que hoy tenía una cita.

Cierto es que no era la primera cita, pero lo que la hacía especial a este era el lugar, había quedado a cenar en casa de Sofia. Y eso si era nuevo, nunca había pasado de la entrada las veces que había ido a buscarla.

Antes de salir de la oficina Daniel pasó por el baño. Un vistazo en el espejo para comprobar que todo seguía en orden, casi tan impecable como doce horas antes cuando se aprestaba a salir de casa camino del trabajo. Se montó en el coche, arrancó y comenzó a sonar la música.
No le convencía mucho lo que estaba escuchando y cambió de disco, prefería algo más calmado. No es que se encontrase nervioso, al contrario, se sentía tremendamente tranquilo, pero prefería una música más relajada.
Tardo mucho menos de lo normal en recorrer el trayecto que separaba la oficina de su casa, que fuera el mes de Julio y a esas horas ayudaba bastante. Las ocho en punto, fiel a su costumbre había llegado a la hora prevista.

El recibimiento no hacía presagiar nada interesante, no se puede decir que fuera frío, pero tampoco fue un alarde de pasión. Al menos ella estaba radiante, con un vestido verde que remarcaba su figura.

La tertulia se desarrollo en la cocina, con una sin alcohol en la mano mientras se terminaba de hacer la cena. Aunque en la calle el bochorno era importante, la temperatura en el interior era bastante más agradable gracias a la ligera brisa que corría entre las ventanas abiertas.

La mesa ya estaba lista y la cena también, solo faltaba encender las velas y descorchar la botella de vino blanco que habían sacado del frigorífico un instante antes.

La conversación continuó en la cena, cada vez más distendida, mientras de fondo se escuchaban las canciones de una emisora cualquiera. Poco importaba lo que sonara, la cercanía y el vino comenzaban a ser un cóctel extremadamente peligroso.

Recogieron la mesa mientras apuraban los restos de la botella de vino. Y el juego comenzó, o quizás continuó, quien sabe. Ella se sentó en un pequeño taburete mientras buscaba algo de música entre los cd's. El la siguió, y se sentó junto a ella mientras seguían conversando sobre el pasado, sobre la vida, sin remordimientos, solo recordando. La escena resultaba curiosa, a un lado de la estancia la mesa con las velas que aún continuaban ardiendo, y ellos en la esquina opuesta, sentados muy cerca el uno del otro, pero sin tocarse.

De repente algo cambió, algo dijo ella relativo a sus molestias en el cuello fruto del trabajo sedentario de oficina, y con la mayor naturalidad del mundo el tomó su cabeza entre sus manos, separando los dedos comenzó a recorrer con ambas manos su cuello, deslizándose desde la nuca hasta los hombros, con suavidad pero con presión. Ella cerró los ojos, esos inmensos ojos marrones, y se dejó hacer, al principio con mayor tensión, pero a medida que pasaban los segundos la escasa resistencia fue cediendo, ya no había barreras.

Estaban sentados uno frente al otro, las manos de él rodeaban la cabeza de ella, que se dejaba llevar, se la notaba que se encontraba totalmente relajada. Cada vez estaban más próximos, no podía ser de otra forma al intentar darla el masaje mirándola a la cara.
La música, las velas, el vino, su piel,... no lo puedo evitar, tan cerca se encontraba de ella que la besó. La besó en los labios con suavidad, con dulzura, cuando ella había bajado todas sus defensas. Parecía estar esperándolo.
Lentamente abrió los ojos, se miraron a escasos centímetros y ella le devolvió el beso, pero esta vez fue un beso consentido, lleno de pasión, el beso de dos enamorados una noche de Julio.


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