Todavía sigue preguntándose que
ocurrió, por más tiempo que pasa, por más veces que lo piensa, por
más vueltas que le da no consigue descifrar el misterio. No
consigue saber como llego a esa reacción de furia.
Quizás ya no tuviera sentido seguir
pensando en ello, al fin y al cabo ya no tenía remedio, tenía que
ser consecuente con sus actos y asumir su acción.
Y ese era el problema, que asumía su
acción pero no la entendía, no llegaba a comprender que oscuro
mecanismo cambió en su cabeza para que lo tirase todo por la borda.
Y eso le preocupaba, le torturaba pensar que le pudiera volver a
ocurrir.
Siempre le había resultado divertida
la expresión de la “bola de nieve”, y la verdad es que ahora que
la había sufrido en sus carnes había perdido toda la gracia, cuando
esa bola de nieve se había transformado en alud y lo había
sepultado todo.
Pero incluso esas bolas de nieve
necesitan un detonante para empezar a formarse, y el necesitaba
descubrir el motivo por el cual aquella pequeña bola de nieve empezó
a rodar ladera abajo.
Pasado el tiempo había llegado al
convencimiento que aquella pequeña bola de nieve fue una palabra. ¿
Pero como una sola palabra pudo desencadenar todo ?. Realmente una
palabra aislada es poca cosa, pero puesta en un contexto
determinado... “Cínico”, el solo recuerdo de la misma le
golpeaba las sienes, le hacía retroceder y situar su mente en otro
tiempo, en aquel momento en que el castillo de naipes comenzó a
tambalearse.
Una vez que la bola empieza a rodar ya
todo es cuestión de tiempo, sigue su curso inexorable, cada vez más
grande, cada vez con más fuerza, recogiendo a su paso toda la nieve
de alrededor. Cuando esto sucede lo mejor es rezar para que nada se
interponga en su camino, que al final de la pendiente se encuentre
con un llano que la frene en su vertiginoso viaje, y que una vez
detenida, el sol se encargue del resto.
Desgraciadamente no había ningún
llano al final de la pendiente. O puede que si que lo hubiera y que
finalmente la bola hubiera terminado convirtiéndose en agua, simple
y cristalina agua.
Pero él no la dejó llegar al final,
se atravesó de forma temeraria en medio de la pendiente. En esas
circunstancias el final era irremediable, la bola impacto contra él
con violencia, provocando la expansión de la fuerza que llevaba
dentro, fuerza que descontrolada provoca reacciones terribles.
Y eso fue lo que ocurrió, se desbocó
la fuerza de la naturaleza y arrasó todo a su paso. Cuando se
apagaron los ecos del estruendo pudo ver la desolación a su
alrededor, pudo ver con nitidez el resultado de sus acciones.
Pero para su desgracia ya era demasiado
tarde, ya solo le quedaba vivir con el recuerdo, es todo lo que le
quedaba.


