Como cada año, y este no podía ser
una excepción, vuelve a Madrid la Feria del Libro. Nada más y nada
menos que 71 ediciones a sus espaldas.
Tengo que reconocer que no es un evento
que me llame demasiado la atención, la verdad es que no me llama la
atención casi ningún evento de este tipo. Y puede resultar
paradójico que una persona que hace sus pinitos como escritor no
esté interesado en la Feria de la Literatura por excelencia, pero
como decía no soy muy amante de estos saraos.
Ciertamente hacía muchos años que no
asistía, tantos que casi ni me acordaba, y no será porque no me
hayan hablado de ella.
Pero este año para romper la tradición
la he visitado, y la verdad es que me ha sorprendido. Me ha
sorprendido sí, tanto en lo positivo como en lo negativo.
Sinceramente no esperaba encontrarme
con tal cantidad de casetas, sobre todo teniendo en cuenta la
supuesta crisis del sector, por no hablar de la crisis general que
azota al país.
Lo segundo que me sorprendió fue la
gente que abarrotaba el Paseo de Coches, como en los mejores días de
las clásicas carreras populares que comparten escenario. Claro que
también la tarde acompañaba, las nubes habían rebajado la
temperatura y nos habían dado un respiro del calor sofocante del día
anterior.
También me impresionó la variedad de
temas que se tocaban en los libros, novela, aventuras, cocina,... los
había de pequeño tamaño y grandes como los antiguos libros de
música de las iglesias.
Pero como decía también me
sorprendieron negativamente varias cosas.
La primera fue la ubicación, y no es
que no me guste el Retiro, pero no creo que en los tiempos que
corren, con el auge de los libros digitales y del “paperless”, el
mejor lugar para una Feria de consumidores de papel sea un parque.
Básicamente y salvando las distancias (espero que nadie se sienta
ofendido) es como montar una Feria del embutido Ibérico en una
granja de cerdos, que seguro que a nadie le extraña, es más
pensaran que el mejor reclamo para el embutido es ver a los cerdos
correteando. Pues en este caso a mi me pasaba lo mismo con los
grandes árboles del Paseo de Coches.
Pero por encima de todo, lo que más me
chocó fueron las colas de personas esperando para que el autor les
firmase el libro. Es lo lógico, pensaréis. Sería lógico si los
que estuvieran dentro de la caseta fueran escritores, pero la verdad
es que tengo serias dudas que así lo fueran, al menos en aquellos
casos en los que más gente se arremolinaba. Es más, estoy
completamente seguro que los verdaderos escritores no pasaron de
firmar más allá de un par de ejemplares a la hora.
¿ Y quien eran entonces los que
firmaban de forma multitudinaria ?. Los famosos, pero no los
escritores famosos, simplemente los famosos a secas, de esos que
inundan cualquier programa de televisión, esos que, al contrario de
los escritores de verdad que utilizan la Feria para promocionar sus
libros, utilizan los libros para promocionarse a si mismos. Solo así
puede entenderse que estén firmando libros de cocina o similares y
que la gente se pegue por ellos, esa misma gente que invierte los
ahorros en una Termomix para no tener que cocinar.
¿ Un contrasentido ?. No, simple y
llanamente es la puñetera realidad.
Y entonces es cuando caigo en la cuenta
de la crisis del sector, y pienso si con ejemplares como estos (y no
me refiero a los libros) realmente están favoreciendo el auge de la
cultura o la están terminando de matar. Y paso junto a una caseta en
la que se amontonan libros de siempre, Delibes, Carmen Laforet,.. y
tantos y tantos otros y puedo identificar muchos de los libros que
allí se exponen, y puedo identificarlos porque muchos de ellos los
tuve que leer en mis tiempos de estudiante y lo que es peor, porque
la caseta está vacía, tristemente vacía. La terrible constatación
del poco interés que despiertan ahora esas joyas que nos hicieron
crecer intelectualmente.
Aunque quizás la explicación no la
tenga que buscar tan lejos y la tenga justo delante de mí, en estas
líneas que torpemente he conseguido enlazar. Y es que hoy en día
cualquiera puede ser escritor, incluso el que suscribe.
Tenemos ordenadores que nos ayudan con
la ortografía, que nos permiten corregir y rehacer lo que nos
interese, y por encima de todo nos permiten publicar sin coste
ninguno y sin movernos del sillón. Inclusive, si estamos muy
interesados podemos publicar nuestro libro a bajo coste en formato
digital y unas cuantas copias en papel. Y todo ello sin importar ni
el contenido ni la forma.
Pero a pesar de todo ello, me compré
un buen libro para este verano y aquí sigo escribiendo.

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