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jueves, 7 de junio de 2012

La Feria del Libro


Como cada año, y este no podía ser una excepción, vuelve a Madrid la Feria del Libro. Nada más y nada menos que 71 ediciones a sus espaldas.

Tengo que reconocer que no es un evento que me llame demasiado la atención, la verdad es que no me llama la atención casi ningún evento de este tipo. Y puede resultar paradójico que una persona que hace sus pinitos como escritor no esté interesado en la Feria de la Literatura por excelencia, pero como decía no soy muy amante de estos saraos.

Ciertamente hacía muchos años que no asistía, tantos que casi ni me acordaba, y no será porque no me hayan hablado de ella.
Pero este año para romper la tradición la he visitado, y la verdad es que me ha sorprendido. Me ha sorprendido sí, tanto en lo positivo como en lo negativo.

Sinceramente no esperaba encontrarme con tal cantidad de casetas, sobre todo teniendo en cuenta la supuesta crisis del sector, por no hablar de la crisis general que azota al país.

Lo segundo que me sorprendió fue la gente que abarrotaba el Paseo de Coches, como en los mejores días de las clásicas carreras populares que comparten escenario. Claro que también la tarde acompañaba, las nubes habían rebajado la temperatura y nos habían dado un respiro del calor sofocante del día anterior.

También me impresionó la variedad de temas que se tocaban en los libros, novela, aventuras, cocina,... los había de pequeño tamaño y grandes como los antiguos libros de música de las iglesias.

Pero como decía también me sorprendieron negativamente varias cosas.

La primera fue la ubicación, y no es que no me guste el Retiro, pero no creo que en los tiempos que corren, con el auge de los libros digitales y del “paperless”, el mejor lugar para una Feria de consumidores de papel sea un parque. Básicamente y salvando las distancias (espero que nadie se sienta ofendido) es como montar una Feria del embutido Ibérico en una granja de cerdos, que seguro que a nadie le extraña, es más pensaran que el mejor reclamo para el embutido es ver a los cerdos correteando. Pues en este caso a mi me pasaba lo mismo con los grandes árboles del Paseo de Coches.

Pero por encima de todo, lo que más me chocó fueron las colas de personas esperando para que el autor les firmase el libro. Es lo lógico, pensaréis. Sería lógico si los que estuvieran dentro de la caseta fueran escritores, pero la verdad es que tengo serias dudas que así lo fueran, al menos en aquellos casos en los que más gente se arremolinaba. Es más, estoy completamente seguro que los verdaderos escritores no pasaron de firmar más allá de un par de ejemplares a la hora.

¿ Y quien eran entonces los que firmaban de forma multitudinaria ?. Los famosos, pero no los escritores famosos, simplemente los famosos a secas, de esos que inundan cualquier programa de televisión, esos que, al contrario de los escritores de verdad que utilizan la Feria para promocionar sus libros, utilizan los libros para promocionarse a si mismos. Solo así puede entenderse que estén firmando libros de cocina o similares y que la gente se pegue por ellos, esa misma gente que invierte los ahorros en una Termomix para no tener que cocinar.
¿ Un contrasentido ?. No, simple y llanamente es la puñetera realidad.

Y entonces es cuando caigo en la cuenta de la crisis del sector, y pienso si con ejemplares como estos (y no me refiero a los libros) realmente están favoreciendo el auge de la cultura o la están terminando de matar. Y paso junto a una caseta en la que se amontonan libros de siempre, Delibes, Carmen Laforet,.. y tantos y tantos otros y puedo identificar muchos de los libros que allí se exponen, y puedo identificarlos porque muchos de ellos los tuve que leer en mis tiempos de estudiante y lo que es peor, porque la caseta está vacía, tristemente vacía. La terrible constatación del poco interés que despiertan ahora esas joyas que nos hicieron crecer intelectualmente.

Aunque quizás la explicación no la tenga que buscar tan lejos y la tenga justo delante de mí, en estas líneas que torpemente he conseguido enlazar. Y es que hoy en día cualquiera puede ser escritor, incluso el que suscribe.
Tenemos ordenadores que nos ayudan con la ortografía, que nos permiten corregir y rehacer lo que nos interese, y por encima de todo nos permiten publicar sin coste ninguno y sin movernos del sillón. Inclusive, si estamos muy interesados podemos publicar nuestro libro a bajo coste en formato digital y unas cuantas copias en papel. Y todo ello sin importar ni el contenido ni la forma.





Pero a pesar de todo ello, me compré un buen libro para este verano y aquí sigo escribiendo.


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