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jueves, 29 de marzo de 2012

Buscadores de Oro


¿ Será hoy el día ?. Quien sabe si será hoy o no llegará nunca. Otro día más a luchar en la oscuridad de la mina, otro día más de lucha contra la piedra en busca de una recompensa que no llega.

Los días pasan inexorablemente y el cansancio se acumula. Son muchos días de trabajo continuado, sin pausa, arrastrando cada mañana el peso de la herramienta hasta lo más profundo de la mina. Siempre la misma oscuridad, siempre la misma soledad, siempre el mismo silencio roto únicamente por el continuo golpear del martillo en la roca.

Pero el es un hombre fuerte, tanto física como mentalmente, sino de que habría aguantado tanto tiempo sin obtener resultados.

La verdad es que no siempre fue así. Hace ya unos meses desde la última vez que picando como cada día le pareció ver que algo en la roca brillaba. ¿ Sería un espejismo ?, ¿ sería verdad o fruto de su imaginación ?. Solo había una forma de comprobarlo, seguir picando. Ese día continuó hasta que las fuerzas ya no le respondieron, pero al menos había conseguido arrancarle a la roca unos pequeños fragmentos dorados. Estaba seguro que solo unos centímetros de roca le separaban de la gran veta.
Durante muchos días continuó picando, sacando pequeños fragmentos de oro, al principio con ilusión, en otros momentos con impaciencia. El tiempo pasaba y las esperanzas de encontrar la veta se diluían.

Hasta que llegó un día en que ya no encontró nada. Cuando regresó a casa estaba desolado, ¿ acaso merecía la pena todo el esfuerzo que le estaba dedicando a la maldita mina ?. Al día siguiente no quiso bajar, estaba hundido, derrotado, había podido con el.

Por desgracia para el la mina era su vida, no sabía hacer otra cosa que picar en busca de oro, lo llevaba haciendo desde que era joven, y ahora que los años empezaban a pesar no se iba a rendir, al fin y al cabo no era la primera vez que le sucedía.

Tardo varios días, pero al fin volvió a la carga, y esta vez con una sola idea en la mente, encontrar esa veta de oro por la que llevaba tanto tiempo luchando.

Día tras día golpeo la piedra, siempre con el mismo ritmo, siempre con las mismas ganas, siempre con la misma ilusión. Hasta que un día, nuevamente, apareció un punto brillante en medio de la roca. Pero esta vez fue distinto, esta vez no golpeo con furia la roca para sacar la pepita. No, esta vez sería diferente, lo presentía.

Cogió agua y lavó cuidadosamente la pared, quería estar totalmente seguro de lo que hacía. Revisó la configuración de la piedra y comenzó a dar golpes más cortos pero mucho más certeros. Con cada golpe lo veía con más claridad, no era una simple mancha dorada, a medida que vaciaba de roca se percibía el tamaño de aquella pepita ¿ o no era una pepita ?.

Nuevamente se paró, se sentía nervioso, inquieto, ¿ se encontraba delante de la meta por la que llevaba tanto tiempo luchando ?, sin embargo algo le atenazaba.




Fueron unos minutos interminables, con la mirada fija en el brillo del oro que asomaba entre la roca. De repente reaccionó y volvió a la carga. Volvieron los golpes contra la roca, y esta le devolvía como respuesta una sonrisa, la sonrisa que tenía en su cara porque por fin había encontrado la gran veta de oro por la que llevaba tanto tiempo luchando.