¿ Será hoy el día ?. Quien sabe si
será hoy o no llegará nunca. Otro día más a luchar en la
oscuridad de la mina, otro día más de lucha contra la piedra en
busca de una recompensa que no llega.
Los días pasan inexorablemente y el
cansancio se acumula. Son muchos días de trabajo continuado, sin
pausa, arrastrando cada mañana el peso de la herramienta hasta lo
más profundo de la mina. Siempre la misma oscuridad, siempre la
misma soledad, siempre el mismo silencio roto únicamente por el
continuo golpear del martillo en la roca.
Pero el es un hombre fuerte, tanto
física como mentalmente, sino de que habría aguantado tanto tiempo
sin obtener resultados.
La verdad es que no siempre fue así.
Hace ya unos meses desde la última vez que picando como cada día le
pareció ver que algo en la roca brillaba. ¿ Sería un espejismo ?,
¿ sería verdad o fruto de su imaginación ?. Solo había una forma
de comprobarlo, seguir picando. Ese día continuó hasta que las
fuerzas ya no le respondieron, pero al menos había conseguido
arrancarle a la roca unos pequeños fragmentos dorados. Estaba
seguro que solo unos centímetros de roca le separaban de la gran
veta.
Durante muchos días continuó picando,
sacando pequeños fragmentos de oro, al principio con ilusión, en
otros momentos con impaciencia. El tiempo pasaba y las esperanzas de
encontrar la veta se diluían.
Hasta que llegó un día en que ya no
encontró nada. Cuando regresó a casa estaba desolado, ¿ acaso
merecía la pena todo el esfuerzo que le estaba dedicando a la
maldita mina ?. Al día siguiente no quiso bajar, estaba hundido,
derrotado, había podido con el.
Por desgracia para el la mina era su
vida, no sabía hacer otra cosa que picar en busca de oro, lo llevaba
haciendo desde que era joven, y ahora que los años empezaban a pesar
no se iba a rendir, al fin y al cabo no era la primera vez que le
sucedía.
Tardo varios días, pero al fin volvió
a la carga, y esta vez con una sola idea en la mente, encontrar esa
veta de oro por la que llevaba tanto tiempo luchando.
Día tras día golpeo la piedra,
siempre con el mismo ritmo, siempre con las mismas ganas, siempre con
la misma ilusión. Hasta que un día, nuevamente, apareció un punto
brillante en medio de la roca. Pero esta vez fue distinto, esta vez
no golpeo con furia la roca para sacar la pepita. No, esta vez sería
diferente, lo presentía.
Cogió agua y lavó cuidadosamente la
pared, quería estar totalmente seguro de lo que hacía. Revisó la
configuración de la piedra y comenzó a dar golpes más cortos pero
mucho más certeros. Con cada golpe lo veía con más claridad, no
era una simple mancha dorada, a medida que vaciaba de roca se
percibía el tamaño de aquella pepita ¿ o no era una pepita ?.
Nuevamente se paró, se sentía
nervioso, inquieto, ¿ se encontraba delante de la meta por la que
llevaba tanto tiempo luchando ?, sin embargo algo le atenazaba.
Fueron unos minutos interminables, con
la mirada fija en el brillo del oro que asomaba entre la roca. De
repente reaccionó y volvió a la carga. Volvieron los golpes contra
la roca, y esta le devolvía como respuesta una sonrisa, la sonrisa
que tenía en su cara porque por fin había encontrado la gran veta
de oro por la que llevaba tanto tiempo luchando.