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domingo, 4 de marzo de 2012

Rompecabezas


La vida es un puzle, un inmenso puzle del que todos formamos parte. Si lo miras desde lejos lo verás inmaculado, perfecto, con cientos de colores, con miles de matices, completamente cohesionado, tremendamente bello. Pero a medida que te vas a cercando te das cuenta que esa perfección desaparece. Es entonces cuando empiezas a percibir que ese mundo ideal no existe, empiezas a percibir las divisiones y con ellas empiezas a perder la visión del conjunto.
Las piezas del puzle se unen unas con otras y entre todas consiguen hacer un conjunto maravilloso, pero por separado no son nada.

Todo el que haya intentado alguna vez montar un puzle se habrá encontrado en la misma situación, miles de piezas en un montón buscando su lugar. En ese momento todas parecen iguales, los colores no se distinguen, las formas se diluyen. Es necesario empezar a separar, si no queremos perecer en el intento.

Primero separamos los extremos, son los más fáciles de identificar y de ubicar en su lugar. Y a partir de ahí seguiremos por grupos de colores. Empieza siendo una tarea más o menos sencilla, pero a medida que vamos eliminando las diferencias y la monotonía empieza a ser la nota predominante comienzan los problemas.

En esos momentos ya no sabremos distinguir una pieza de otra. Todas nos parecerán iguales aunque ninguna lo es. Llegados a ese punto intentaremos que las piezas encajen en cualquier sitio. Y esto es imposible porque cada pieza tiene su lugar en ese inmenso puzle. Aún así lo intentamos, cogemos la pieza y la colocamos con mucho cuidado, y la pieza entrará en el hueco, un poco forzada pero entrará. No nos importará mucho que el troquelado no coincida exactamente, que dicha pieza aunque por poco, no encaje donde a nosotros nos gustaría. Pensaremos que es un error de fabricación, pero que esa pieza está colocada en su lugar.

Pero claro está, esa pieza no está en su lugar y eso provocará que la pieza que debería encajar en ese punto también le busquemos un lugar en el puzle, también encajará a regañadientes, pero encajará. Y es entonces cuando nos alejamos del puzle para ver el conjunto y caemos en la cuenta que las piezas que hemos encajado donde no correspondían están rompiendo la cohesión del conjunto, el puzle ya no es continuo, tiene fisuras, incluso en algunos puntos ni tan siquiera es liso.

Y entonces caemos en la cuenta que esas piezas no están en su lugar, y se produce el cataclismo, porque para colocar cada pieza en su lugar tenemos que deshacer medio puzle. Por supuesto, en ese momento los ánimos no están para continuar haciendo puzles. Debemos tomarnos un descanso antes de reiniciar la tarea.

¿ Por qué nos empeñamos en encajar las piezas del puzle donde no tienen cabida ?. Es una pregunta sin respuesta, o con millones de ellas.

Nos empeñamos en dirigir el puzle, en situar las piezas donde a nosotros nos gusta que estén, y no nos damos cuenta que cada pieza tiene su lugar en el puzle del mundo, ese lugar para el que está preparado, en el que ofrece valor al conjunto. No caemos en la cuenta que esas piezas puestas en otro lugar desentonan y provocan conflicto, incluso en ocasiones enfrentamientos con las piezas colindantes, que provoca que algunas de ellas se levanten.




La vida es un inmenso puzle, cada pieza tiene su lugar y tarde o temprano lo encontrará. Dejemos que cada pieza encuentre su lugar y no nos empeñemos en situarla donde no tiene cabida. De esa forma el resto de las piezas tendrán la cohesión necesaria, y el conjunto resultará tremendamente atractivo.

1 comentario:

  1. Qué gran reflexión!!. Avísame si en alguna ocasión, intentando juntar las piezas de un puzzle con mi mejor intención, coloco una fuera de su sitio y observas que está forzada. Besos.

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