Aquí estoy, sentado frente a la
ventana de la habitación y con una vista perfecta de la última
pista de la estación de esquí.
La verdad es que ha sido un día
bastante complicado, de los que yo siempre digo que te hacen
aborrecer este deporte. Tampoco penséis que ha sido el peor día de
esquí de mi vida, siendo más joven se soportaban mejor las cosas.
Los años no pasan en balde.
Lo cierto es que no ha parado de nevar
desde hace un par de días, aunque las pistas están muy cuidadas, es
imposible que puedan pisar tal cantidad de nieve. A esto unimos que
al estar por encima de los 2.000 metros las nubes se encuentran muy,
muy cerca. No podíamos olvidarnos del viento, que en las zonas
donde sopla, lo hace con muchas ganas. Lo único bueno era la
temperatura, ocho grados negativos es una maravilla si no lo
acompañas del resto.
Pero claro, se forma el cóctel.
Niebla, viento que barre la ladera de la montaña y arrastra la nieve
en polvo, esa nieve que se te mete por esos agujeros que pensabas que
no habías dejado cuando te estabas vistiendo. Y claro, no ves la
pista. El que nunca ha esquiado no puede llegar a imaginarse esa
sensación en la que vas deslizándote por una montaña con niebla,
las gafas entre empañadas y llenas de nieve y la única visión que
tienes es el blanco de la nieve. En días de sol el relieve se
distingue perfectamente y te permite anticipar, pero en estos días
cambias el “cuidado bañera” por el “me cago en la pu..
bañera”.
Y después de todo esto me he parado ha
pensar las similitudes de este deporte con la vida. Y la verdad es
que le he encontrado bastantes.
Como en la vida, somos capaces de
resistir las mayores penurias siempre con la ilusión que el nuevo
día nos traiga ese sol que anhelamos.
Como en la vida, no nos importa una
cierta dosis de peligro si el resultado merece la pena.
También dejamos gran parte de nuestra
ilusiones en la suerte, porque ¿ quien puede permitirse esperar a
coger las vacaciones a que el pronóstico del tiempo sea favorable ?.
Muy pocos desde luego, y de esos solo aquellos que además dispongan
de apartamento en propiedad en la estación o que dispongan de mucho
dinero para escoger los hoteles más caros (ambas opciones requieren
dinero). Al final tener unos buenos días de esquí será cuestión
de suerte.
Como en nuestro día a día, siempre
encontraremos algún cafre que se piense el rey de la pista, esos que
el respeto lo dejaron guardado en el cajón de los calcetines antes
de salir de casa.
Y por supuesto, aceptamos nuestro sino,
lo aceptamos con resignación e intentamos hasta en los peores
instantes, sacar algo positivo de el.
Después de todo esto, si el deporte
del esquí tiene tantos parecidos con nuestro día a día, ¿ porqué
no practicarlo ?. Al fin y al cabo es un deporte que nos permite
estar en contacto con la naturaleza (ya se que los ecologistas están
en contra de las estaciones de esquí por la degradación que
provocan, pero yo no conozco ninguna actividad multitudinaria de
contacto con la naturaleza que no provoque daños a la misma).
Esta es la vista desde la mesa donde
estoy escribiendo. Como no podía ser de otra forma, esperemos que
mañana sea un buen día de esquí.
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