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lunes, 6 de febrero de 2012

El esquí


Aquí estoy, sentado frente a la ventana de la habitación y con una vista perfecta de la última pista de la estación de esquí.

La verdad es que ha sido un día bastante complicado, de los que yo siempre digo que te hacen aborrecer este deporte. Tampoco penséis que ha sido el peor día de esquí de mi vida, siendo más joven se soportaban mejor las cosas. Los años no pasan en balde.

Lo cierto es que no ha parado de nevar desde hace un par de días, aunque las pistas están muy cuidadas, es imposible que puedan pisar tal cantidad de nieve. A esto unimos que al estar por encima de los 2.000 metros las nubes se encuentran muy, muy cerca. No podíamos olvidarnos del viento, que en las zonas donde sopla, lo hace con muchas ganas. Lo único bueno era la temperatura, ocho grados negativos es una maravilla si no lo acompañas del resto.

Pero claro, se forma el cóctel. Niebla, viento que barre la ladera de la montaña y arrastra la nieve en polvo, esa nieve que se te mete por esos agujeros que pensabas que no habías dejado cuando te estabas vistiendo. Y claro, no ves la pista. El que nunca ha esquiado no puede llegar a imaginarse esa sensación en la que vas deslizándote por una montaña con niebla, las gafas entre empañadas y llenas de nieve y la única visión que tienes es el blanco de la nieve. En días de sol el relieve se distingue perfectamente y te permite anticipar, pero en estos días cambias el “cuidado bañera” por el “me cago en la pu.. bañera”.

Y después de todo esto me he parado ha pensar las similitudes de este deporte con la vida. Y la verdad es que le he encontrado bastantes.

Como en la vida, somos capaces de resistir las mayores penurias siempre con la ilusión que el nuevo día nos traiga ese sol que anhelamos.
Como en la vida, no nos importa una cierta dosis de peligro si el resultado merece la pena.
También dejamos gran parte de nuestra ilusiones en la suerte, porque ¿ quien puede permitirse esperar a coger las vacaciones a que el pronóstico del tiempo sea favorable ?. Muy pocos desde luego, y de esos solo aquellos que además dispongan de apartamento en propiedad en la estación o que dispongan de mucho dinero para escoger los hoteles más caros (ambas opciones requieren dinero). Al final tener unos buenos días de esquí será cuestión de suerte.
Como en nuestro día a día, siempre encontraremos algún cafre que se piense el rey de la pista, esos que el respeto lo dejaron guardado en el cajón de los calcetines antes de salir de casa.
Y por supuesto, aceptamos nuestro sino, lo aceptamos con resignación e intentamos hasta en los peores instantes, sacar algo positivo de el.

Después de todo esto, si el deporte del esquí tiene tantos parecidos con nuestro día a día, ¿ porqué no practicarlo ?. Al fin y al cabo es un deporte que nos permite estar en contacto con la naturaleza (ya se que los ecologistas están en contra de las estaciones de esquí por la degradación que provocan, pero yo no conozco ninguna actividad multitudinaria de contacto con la naturaleza que no provoque daños a la misma).


Esta es la vista desde la mesa donde estoy escribiendo. Como no podía ser de otra forma, esperemos que mañana sea un buen día de esquí.


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