En estos tiempos difíciles en los que
escuchamos hablar por todas partes que es necesario cambiar el mundo,
creo que nos olvidamos de un arma muy poderosa que tenemos a nuestro
alcance, un arma capaz de cambiar al mundo, la sonrisa. La sonrisa,
que no la risa, que son cosas diferentes.
Cuando estamos frente a otra persona es
como si estuviéramos ante un espejo. Si vemos una sonrisa
inconscientemente pensaremos que somos nosotros los que tenemos la
sonrisa dibujada en nuestra cara. Y ese simple gesto nos hará
sonreír también a nosotros. Eso nos hará sentirnos mejor y ver las
cosas desde otro punto de vista mucho más positivo.
Pero la sonrisa no es algo sencillo de
obtener, porque para que de resultado, debe ser una sonrisa sincera,
no forzada, una sonrisa que nos salga desde dentro y que refleje
nuestro estado interior. Por supuesto no sirve la sonrisa cínica
aunque salga de dentro, porque transmitirá cinismo y negatividad.
Tampoco la sonrisa falsa, ni la sonrisa perenne, esa que más que una
sonrisa parece una parálisis facial.
Desgraciadamente, en la mayoría de las
ocasiones lo que nos sale del interior es la amargura, y lo que
reflejamos en nuestra cara es todo lo contrario de la sonrisa. Y esa
amargura será la imagen que iremos reflejando a los demás. Y los
demás nos verán y encontrarán la imagen de sus propios problemas.
Un círculo muy difícil de detener y terrible para nuestro día a
día.
Tenemos que aprovechar esos instantes
en los que algo nos saca de nuestro padecer, y por un instante una
sonrisa se dibuja en nuestro rostro. Puede ser un niño haciendo
alguna travesura, o diciendo esas cosas que dicen los niños que en
boca de un adulto nos harían temblar pero que puestas en sus labios
nos arrancan una sonrisa. Sí, esa sonrisa sincera que tanto
ansiamos porque, ¿ quien no ha sonreído delante de un niño ?, ¿ y
quien después de eso no se ha sentido mejor ?.
Debemos hacer el intento, esforzarnos
por conseguirlo, transmitir a los demás que la vida es algo
maravilloso, con dificultades pero maravilloso. Si conseguimos
cambiar ese círculo de malos modos por otro de sonrisas
conseguiremos ser felices desde que nos levantemos hasta que nos
acostemos. Y lo que es más importante, conseguiremos estar rodeados
de sonrisas, sonrisas que nos ayudarán a no decaer.
Yo tengo la inmensa suerte de poder
encontrarme casi todas las mañanas con una sonrisa (y los días que
no la tengo la echo de menos), una sonrisa que, acompañada de cinco
palabras, me hace afrontar el resto del día de otra forma, me hace
olvidar los problemas y centrarme en las soluciones. En definitiva,
hace que mi mundo empiece a cambiar cada mañana.
Si nos esforzamos un poco, seguro que
entre todos lo conseguiremos. Tendremos un mundo lleno de sonrisas.
Qué gran verdad, el poder de la sonrisa!. Hace muchos años, cuando estuve en Taizé (Francia), rodeada de gente de muchos países, idiomas y religiones diferentes, lo más bonito que aprendí y que muchas veces recuerdo es que "basta una sonrisa para entender te con alguien que ni siquiera habla tu idioma". Si todos la practicaramos más a menudo, sin duda nuestra vida sería de más colores!!!. Besos y muchas sonrisas para todos.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo!! Besos y sonrisas!!
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