Esto no puede seguir así, pensó. Ya hacía casi un año que se había marchado el último inquilino y desde entonces no había conseguido encontrar a nadie a quien alquilar la habitación. Desde que se marchó la habitación estaba vacía, siempre preparada por si alguien preguntaba, pero vacía. Cada vez que pasaba por la puerta y veía la habitación vacía se acordaba de él.
Fueron buenos años. El inquilino era uno más de la familia, al fin y al cabo llevaba con ellos más de diez años compartiendo hogar. Siempre era cumplidor en el pago de la renta mensual y no daba problemas (y si los dio los habían olvidado).
Como los anteriores, había venido recomendado a través de conocidos del pueblo. Eran otros tiempos.
Al principio fueron los emigrantes que dejaban los pueblos en busca de fortuna en las ciudades. La mayoría de ellos terminaban alojados en pensiones, o alquilando habitaciones como la suya. Siempre venían de parte de algún conocido del pueblo.
A los emigrantes les sucedieron los estudiantes, muchos de ellos hijos de aquellos, a los que sus padres querían dar una educación mejor que la suya y les mandaban a la ciudad. A ella nunca le gustaron, daban demasiados problemas.
La verdad es que reconoce que tuvo mucha suerte. Un día de finales de agosto se presentó en su casa buscando habitación. A ella le extrañó aquella situación, le conocía de verle por el barrio y sabía que había estado alojado en alguna pensión cercana. En ese momento tenía la habitación libre, y le pareció una buena opción. Parecía una persona formal.
Pronto se dio cuenta que no se había equivocado. Los meses pasaban sin incidentes, pagaba religiosamente, no daba problemas y se hacía querer por el resto de miembros de la familia.
Pero de repente, hace casi un año, llegó un buen día y dijo que tenía que marcharse fuera, que tenía que dejar la habitación. Y así, de la misma forma que llegó, desapareció. Eso sí, después de pagar la mensualidad.
La noticia llegó en el peor momento. La crisis afectaba a todos y se antojaba difícil volver a encontrar un inquilino. Y así fue. Fueron pasando los meses y la habitación seguía estando vacía.
Las fuentes habituales de “recomendados” ya se habían agotado, ante la falta de oportunidades de trabajo ya nadie emigraba de los pueblos a las ciudades, y los estudiantes ya no venían porque sus padres no podían costearles los gastos.
Había oído comentar en algún programa de la radio, aunque no recordaba en cual, que el inquilino tipo estaba cambiando, y que en la actualidad la mayoría eran hombres separados que habían tenido que dejar su hogar a sus hijos y sus ex.
Y debía ser cierto porque unos meses atrás conoció a un hombre de dicho perfil. Incluso se acercó a ver la habitación. Pero no le servía. El necesitaba un lugar mejor para los fines de semana que tenía a su hijo, no podía tenerle en una cama plegable.
Al principio no le dio importancia, pero viendo que pasaban los meses y la situación no cambiaba, hizo algunos cambios en la casa para poder disponer de un pequeño cuarto contiguo al del huésped para que en caso necesario pudiera alojar a un hijo o hija.
La hacía mucha ilusión que entrase algún pequeño en casa, a ella la gustaban mucho los niños y los suyos ya estaban bastante crecidos.
Pero la oportunidad no llegaba y la situación empezaba a ser complicada. Habían aguantado demasiado tiempo sin la renta que les aportaba el inquilino y ya no podían aguantar más.
Nunca había sido partidaria de los anuncios para buscar inquilino, no se fiaba. ¡ Hay que saber quien metes en casa !, hay mucha gente que a primera vista parece de fiar y luego te dan gato por liebre, la gustaba decir. Por eso ella prefería a los “recomendados”, a personas con referencias.
Pero ya no había de esa clase, y la habitación seguía estando vacía. Aunque se resistía a ello, sabía que podía ser la única solución, poner un anuncio en alguna página gratuita de internet.
Era una decisión arriesgada, una vez que empezasen a llegar ya solo quedaba fiarse de su instinto y elegir correctamente cuando se presentase la ocasión.
Estaba decidida, pondría ese anuncio: “Se busca inquilino para habitación en piso céntrico”.
Qué dura la sensación de vacío, sobre todo cuando empieza a parecer imparable!!. Algunas similitudes con la vida real... Los inquilinos llegan cuando menos te los esperas y acabas haciéndoles hueco. Y mientras, simpre es posible disfrutar de esa habitación libre.
ResponderEliminarQue mañana sea un buen día, en esta nueva vida.
Besos.