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domingo, 22 de enero de 2012

Sensaciones extrañas

Hoy ha sido un día extraño, un día de esos que según abres los ojos sabes que no será el mejor Domingo de tu vida.

Las sensaciones no eran buenas, quizás por haber dormido poco, al fin y al cabo eran las ocho de la mañana y había dormido menos de cinco horas.
Me habría venido bien salir a correr, pero el tobillo se había resentido después de los siete kilómetros de ayer por la mañana.

Una ducha con agua bien caliente y un café con leche, no tenía cuerpo para nada más. Arreglo la habitación y me visto, creo que ya es buena hora para marcharme para el hospital.

El teléfono no tardó en sonar, y con el la confirmación de mis malas sensaciones. Mi abuela había fallecido de madrugada, ya estaba en el lugar que ansiaba desde hace ahora 12 años.

La sala del tanatorio no estaría lista hasta las doce, por lo que tenía algo de tiempo para preparar la ropa del colegio para mañana y apañar medianamente un tema del trabajo que pensaba terminar el domingo por la tarde.

La casa estaba en silencio, ha sido casual, no forzado, no sabría decir porqué hoy no había puesto la radio.  A las once me marché, prefería dar un paseo por el parque de San Isidro que seguir metido en casa.

El trayecto ha sido muy corto, no más de cinco minutos en coche.  Como ya sabía todavía no estaba la sala preparada, ni tan siquiera aparecía su nombre por lo que empecé a caminar por el parque.  En seguida estaba de regreso y esta vez decidí acercarme hasta su sala. La sensación fue bastante extraña, en la línea como venía siendo el resto del día, estaban abandonando la sala los acompañantes del difunto anterior. Debe ser algo normal en estas situaciones, pero en ese momento me sentí con una sensación de estar buscando aparcamiento y ver que alguien se dirige a su coche y te quedas parado en doble fila esperando que se vaya.

Volví a salir a la calle a que me diera un poco el aire. El día era espectacular, con un cielo limpio y un sol radiante que ya empezaba a caldear el ambiente.  Frente al tanatorio existe un jardín de palmeras. Me resultó bastante peculiar y decidí leer los carteles explicativos de cada una de ellas.  Me ha sorprendido comprobar como puede haber palmeras que resistan hasta 20 grados bajo cero.

Mis pensamientos estaban bastante lejos de ese jardín, pero no sabría decir muy bien donde estaban.
Al menos no me ha quedado la sensación de hace doce años cuando falleció mi abuelo, una sensación de no haberme despedido de él en persona cuando podía haberlo hecho, simplemente por una cuestión de cabezonería. Nunca le olvidaré saludando desde el parque a una ventana a la que nadie se asomó.

A esas horas ya tenía decidido que no avisaría a nadie. Hay momentos en los que te reconforta tener a tus seres queridos acompañándote, pero hoy no era uno de ellos, creo que habría sido contraproducente.

Ya estaba todo preparado, la sala ella y la familia.  Unos momentos de recogimiento, de intimidad y empieza el desfile.

Necesitaba algo que cambiara la monotonía, pero salvo un correo con un nuevo comentario en mi blog que me reconfortó, nada de nada.

Por la tarde hubo un momento extraño, uno más. Eramos pocas personas en la sala y la conversación empezó a tocar temas delicados, la muerte de personas en plena madurez tras largas y penosas enfermedades.  Yo lo estaba escuchando con frialdad, no era la conversación que espera escuchar, pero no me causaba demasiados problemas.  Mi hermana me ofreció el periódico, o que saliera a dar una vuelta, pero no fue necesario.  Al igual que las fracturas óseas que después de curadas siguen molestando con el cambio de tiempo, en los temas sentimentales el tiempo los cura pero en determinadas circunstancias siguen haciéndose notar.

La tarde avanzaba y con ella la romería de personas, pero yo seguía con esa extraña sensación.

Era hora de recoger a mi hijo, la verdad es que no sabía muy bien cual sería su reacción al verme.  Todo fue normal.  De regreso a casa cena y llamada de teléfono a mi mejor amigo.  Como no podía ser de otra forma se ha molestado mucho por haberle avisado.  Espero que lo entienda, hay momentos en los que las personas nos encontramos más a gusto en soledad, con nuestros pensamientos. O a lo mejor no, estaríamos mejor acompañados pero no nos atrevemos a descolgar el teléfono para pedir la ayuda que necesitamos.  No es tiempo de duda, lo hecho hecho está.

Y aquí estoy, escribiendo sobre un día con sensaciones extrañas, un día en el que he perdido a mi abuela y madrina pero por lo cual no estoy triste, porque tengo el convencimiento que al fin ha logrado lo que deseaba.

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