Tengo dudas, no se que decisión tomar. Siempre el mismo dilema, sera la opción correcta o por el contrario sera un completo fracaso.
Es una constante en mi vida que se reproduce siempre que tengo que tomar decisiones sobre bases subjetivas. El problema no es tomar la decisión equivocada, es la preocupación por sus consecuencias.
La teoría del análisis de decisiones se basa en contraponer las diferentes opciones, el beneficio de cada una de ellas y la probabilidad de que ocurran.
Esto es sencillo en los juegos de azar, tu sabes cual es el premio si toca, y la pérdida si no toca, añades la probabilidad de acierto y aplicas la fórmula. Ya tienes valoradas cada una de las opciones.
Pero claro, esto se complica cuando empiezas a tener incógnitas en la ecuación, y esto se produce con demasiada frecuencia. A que me refiero, me refiero a las ocasiones en las que es difícil determinar la probabilidad de que se den las diferentes alternativas, a las ocasiones en las que no es posible determinar el beneficio de cada una de las diferentes opciones, en las que es imposible cuantificar la pérdida. O a una combinación de todas ellas.
Es aquí cuando llegan los problemas, las situaciones en las que la formulación no sirve para nada. O si sirve, pero para despejar incógnitas tienes que realizar suposiciones. Por mucho que lo intentes llega un momento en que no hay base objetiva para la decisión.
El resultado es cruel, porque en las decisiones objetivas, si el resultado no es el esperado siempre podemos culpar a la teoría de probabilidad. Pero en las subjetivas, la subjetividad no termina con el resultado, es todo mucho más complejo. Si el resultado no es el esperado comienza la fase de análisis, la fase de valoración del problema. Y como todo es subjetivo empiezas a darte cuenta de los errores en la premisas de partida, errores que en su momento no lo eran pero con la información que tienes a posteriori dejan de ser subjetividades para ser realidades.
Llegados a este punto llega la autoflagelación, el martirio de saber que has tomado la decisión equivocada por un análisis incorrecto de la situación. Ni que decir tiene que el problema se agravará en función de las consecuencias negativas que haya supuesto.
Como siempre hay diferentes grados de tormento en función del resultado de nuestra acción. Dejemos a un lado todos aquellos resultados que hayan supuesto decisiones calificadas como buenas, porque aunque luego reflexiones sobre ellas, no suponen una carga.
Los resultados neutros no deberían suponer un problema, salvo que hayan sido el resultado de un esfuerzo importante a la hora de tomar la decisión. En ese caso llegará la frustración por no haber conseguido ningún resultado positivo (por supuesto en estos casos no se tendrán en cuenta las diferentes posibilidades de que hubiera salido mal).
Como no podía ser de otra forma, las situaciones en los que los resultados se pueden considerar como negativos, aquellos en las que la situación final es peor que la inicial te martirizan. Empiezas por maldecir la decisión tomada, por culparte del resultado (al fin y al cabo es el resultado de una decisión y una acción posterior) y terminas por el análisis pormenorizado de la decisión. Y aquí empiezas a encontrar errores, errores de fácil detección si hubieras contado con la información que ahora dispones pero no la tenías.
En esos momentos te encierras en ti mismo, evitas cualquier decisión que debas tomar, y te dedicas a volver nuevamente sobre tus pensamientos para desmenuzar cada uno de los puntos para evitar el problema en el futuro.
Pero claro, el futuro no nos devuelve al pasado, y las decisiones erradas en ocasiones suponen pérdidas definitivas.
Cuando llevas toda tu vida en la misma dinámica cada decisión subjetiva se convierte en un suplicio, hasta el punto que si alguno de los resultados posibles (no importa la probabilidad de que ocurra) es claramente negativo, prefieres tomar la decisión de no hacer nada y sentarte a esperar a ver si el resultado llega sin actuar.
¡ Como si esta fuera la solución !. Muy al contrario, si por no hacer se da una situación negativa vuelves a martirizarte por no haber hecho nada, porque en este caso es cuando das la vuelta a la tortilla y analizas las variables que daban un resultado positivo y te tortura ver que no las diste valor.
Tengo dudas, no se que decisión tomar. No se si actuar o sentarme a esperar. No hay termino medio, si actúo y sale bien sera increíble, pero cualquier otro resultado me supondrá una perdida que no estoy dispuesto a asumir (al menos en estos momentos).
Creo que me sentaré a esperar. Hoy en día no estoy dispuesto a perder nada más.
Solo gana el que arriesga,y tomar decisiones es arriesgado....
ResponderEliminarNo tienes nada que perder y mucho que ganar, dejate llevar y ya te lamentaras si sale mal pero, ¿y si sale bien?.
ResponderEliminarNada que perder y mucho que ganar, esa es una visión demasiado optimista de la realidad. Las decisiones que implican que en el peor de los casos todo sigue igual son muy fáciles, es como jugar a la ruleta con el dinero de otro pero recaudando tu los beneficios. El problema es que si juegas a la ruleta con tu dinero puedes perder, ¿ y en que situación te deja ?.
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