Soy un zombi, un muerto viviente. Es
terrible darse cuenta, y yo he caído hoy en la cuenta de ello. Puede
sonar extraño, pero es la única alternativa válida que he
encontrado. Hoy me he dado cuenta que he perdido mis sentimientos,
ya no soy la persona que antaño era, no me parezco en nada al ser
humano que mis padres educaron. Ciertamente sigo vivo porque
respiro, como y me muevo, pero interiormente soy un difunto.
He necesitado analizar todo lo
acontecido a lo largo del día, un día normal por otra parte y eso
es lo terrible, para darme cuenta.
Esta mañana he cogido el coche para
realizar el mismo trayecto de todos los días. Como siempre he tenido
que parar en un semáforo donde la misma persona de todos los días
se afanaba en sacar unas monedas “limpiando” los cristales del
coche. Con el mismo mecanismo diario le indico que no quiero y miro
para otro lado.
Al mediodía visita al hipermercado
para unas compras rápidas. Justo antes de cruzar las puertas una
señora con un carro hasta los topes intentaba sin éxito sortear el
pequeño canal de la acera para evitar que la lluvia penetre al
interior. Tomo el mismo camino que las tres personas que llevo
delante, la otra puerta.
Una vez en la carnicería veo que hay
varias personas esperando, no necesito mediar palabra con ellos,
simplemente cojo el número del expendedor y espero. Nadie habla, al
menos entre ellos porque por el móvil se entrecruzan las
conversaciones de al menos tres personas.
A la salida se acerca una persona de
color vendiendo no se qué. Con un movimiento rápido saco el móvil
y con una mano reviso los correos que tenía pendientes, cualquier
cosa antes que cruzar la mirada con él.
Por la tarde, de vuelta en casa paro en
el portal para revisar la correspondencia. Solo había una carta de
Médicos sin Fronteras, mecánicamente la abro mientras subo en el
ascensor, saco el papel y sin llegar a leer su contenido la rompo en
cuatro trozos.
Ducha rápida, cambio de ropa y salgo
disparado, he quedado para tomar una cañas por el centro. Estoy en
la parada del autobús, junto a mí hay tres o cuatro personas más.
El autobús tarda más de la cuenta, cada uno miramos a uno de los
puntos cardinales, no se como lo hemos hecho pero nos los hemos
repartido sin siquiera mirarnos. Cuando llega el autobús nos
aproximamos deprisa hasta el punto donde debe parar, no hay orden,
simplemente el que estaba más cerca en ese momento sube el primero.
Una vez dentro busco con la mirada un
asiento libre. Encuentro uno junto a la ventanilla y me acomodo en
él. De inmediato giro la cabeza para mirar a través del cristal,
para mirar que no para ver por qué me sumerjo en mis pensamientos y
no hago el más mínimo caso al recorrido. Tampoco me hace falta, ya
avisará el conductor al final del recorrido. Pasados diez minutos me
doy cuenta que el autobús está completamente lleno, a mi alrededor
hay varias personas de edad más avanzada que yo, todas ellas de pie.
Como si no hubiera visto nada vuelvo a mirar por la ventanilla.
Fin de trayecto, aunque todavía me
queda andar un rato. La calle está llena de gente pero no les presto
la menor atención. Al pasar junto a unos escaparates me parece
intuir como dos rateros intentan sustraer un monedero a una mujer que
se había quedado extasiada con los zapatos. Afortunadamente no
venían coches y pude cambiarme a tiempo de acera.
Ya de vuelta en casa, sentado en el
sillón empiezo a recordar lo ocurrido durante el día, un día de lo
más normal y caigo en la cuenta, ha sido un día habitual, pero de
normal ha tenido poco.
¿ Acaso es normal que no me digne ni a
mirar a los ojos a quien pide limosna ?, ¿ que no ayude a una mujer
a empujar el carro ?, ¿ que no me preocupe lo más mínimo las
miserias que suceden por el mundo ?, ¿ que ya no ceda el asiento en
el autobús ?, ¿ o que no ayude a quien está en apuros ?.
¿ Es así como me educaron ?.
Definitivamente no, pero como tampoco
me cabe pensar que haya perdido por completo todos los valores que me
inculcaron a lo largo de años solo me queda una alternativa, sin yo
saberlo he muerto, soy un Zombi, un muerto viviente.
Vosotros que leéis esto, no os dejéis
engañar por las apariencias, seguramente también seáis zombis,
cualquiera de los muchos con los que me he cruzado en la ciudad en un
día aparentemente normal.
Seguramente todos seamos algo zombis algunas veces, o quizás lo seamos como mecanismo defensa, para no estar expuestos continuamente a daños, dudas,... También veo muchas veces en las que somos sensiblse con los de alrededor, nos duele ver que alguien lo pasa mal y nos quebramos la cabeza para intentar poner un granito que ayude a mejorar algo las cosas,... Estamos vivos, aunque a veces no resulte fácil. Besos
ResponderEliminarGrandes verdades!!! Da mucha pena pensar lo poco que nos importa lo que le ocurra a otras personas que no son de nuestro entorno...espero que a partir de mañana cada día sea un poco menos zombie!!!
ResponderEliminarCreo que el primer paso es reconocerlo :), y de ahi para alante redimirse...Yo tambien voy zombi por el mundo pero intento ser cada dia un poquito mas consciente
ResponderEliminarDebo ser un zombi algo extraño. Algo así como un Zombi Brummel, es decir, en las distancias cortas.
ResponderEliminarMe gusta ayudar a la gente en la calle.
Me gusta dar limosna.
Me gusta mirar a la gente a los ojos y buscar en ellos como será su vida.
Eso si, en las distancias Brummel me vuelvo Zombi y espero que el vecino se meta en el ascensor para salir del coche, o espero un rato haciendo que leo la publicidad del buzón para no coincidir, o....
Vete una temporada a Irlanda. Recuerdo mi epoca en Cork donde todo era amabilidad, saludos en las paradas del autobus, en los pasos de peatones, en las tiendas.
La ciudad de la amabilidad.
Enhorabuena. Has logrado que me "enganche" a un blog.
Abrazo.