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jueves, 15 de marzo de 2012

Zombis


Soy un zombi, un muerto viviente. Es terrible darse cuenta, y yo he caído hoy en la cuenta de ello. Puede sonar extraño, pero es la única alternativa válida que he encontrado. Hoy me he dado cuenta que he perdido mis sentimientos, ya no soy la persona que antaño era, no me parezco en nada al ser humano que mis padres educaron. Ciertamente sigo vivo porque respiro, como y me muevo, pero interiormente soy un difunto.

He necesitado analizar todo lo acontecido a lo largo del día, un día normal por otra parte y eso es lo terrible, para darme cuenta.

Esta mañana he cogido el coche para realizar el mismo trayecto de todos los días. Como siempre he tenido que parar en un semáforo donde la misma persona de todos los días se afanaba en sacar unas monedas “limpiando” los cristales del coche. Con el mismo mecanismo diario le indico que no quiero y miro para otro lado.

Al mediodía visita al hipermercado para unas compras rápidas. Justo antes de cruzar las puertas una señora con un carro hasta los topes intentaba sin éxito sortear el pequeño canal de la acera para evitar que la lluvia penetre al interior. Tomo el mismo camino que las tres personas que llevo delante, la otra puerta.

Una vez en la carnicería veo que hay varias personas esperando, no necesito mediar palabra con ellos, simplemente cojo el número del expendedor y espero. Nadie habla, al menos entre ellos porque por el móvil se entrecruzan las conversaciones de al menos tres personas.

A la salida se acerca una persona de color vendiendo no se qué. Con un movimiento rápido saco el móvil y con una mano reviso los correos que tenía pendientes, cualquier cosa antes que cruzar la mirada con él.

Por la tarde, de vuelta en casa paro en el portal para revisar la correspondencia. Solo había una carta de Médicos sin Fronteras, mecánicamente la abro mientras subo en el ascensor, saco el papel y sin llegar a leer su contenido la rompo en cuatro trozos.

Ducha rápida, cambio de ropa y salgo disparado, he quedado para tomar una cañas por el centro. Estoy en la parada del autobús, junto a mí hay tres o cuatro personas más. El autobús tarda más de la cuenta, cada uno miramos a uno de los puntos cardinales, no se como lo hemos hecho pero nos los hemos repartido sin siquiera mirarnos. Cuando llega el autobús nos aproximamos deprisa hasta el punto donde debe parar, no hay orden, simplemente el que estaba más cerca en ese momento sube el primero.

Una vez dentro busco con la mirada un asiento libre. Encuentro uno junto a la ventanilla y me acomodo en él. De inmediato giro la cabeza para mirar a través del cristal, para mirar que no para ver por qué me sumerjo en mis pensamientos y no hago el más mínimo caso al recorrido. Tampoco me hace falta, ya avisará el conductor al final del recorrido. Pasados diez minutos me doy cuenta que el autobús está completamente lleno, a mi alrededor hay varias personas de edad más avanzada que yo, todas ellas de pie. Como si no hubiera visto nada vuelvo a mirar por la ventanilla.

Fin de trayecto, aunque todavía me queda andar un rato. La calle está llena de gente pero no les presto la menor atención. Al pasar junto a unos escaparates me parece intuir como dos rateros intentan sustraer un monedero a una mujer que se había quedado extasiada con los zapatos. Afortunadamente no venían coches y pude cambiarme a tiempo de acera.

Ya de vuelta en casa, sentado en el sillón empiezo a recordar lo ocurrido durante el día, un día de lo más normal y caigo en la cuenta, ha sido un día habitual, pero de normal ha tenido poco.
¿ Acaso es normal que no me digne ni a mirar a los ojos a quien pide limosna ?, ¿ que no ayude a una mujer a empujar el carro ?, ¿ que no me preocupe lo más mínimo las miserias que suceden por el mundo ?, ¿ que ya no ceda el asiento en el autobús ?, ¿ o que no ayude a quien está en apuros ?.
¿ Es así como me educaron ?.
Definitivamente no, pero como tampoco me cabe pensar que haya perdido por completo todos los valores que me inculcaron a lo largo de años solo me queda una alternativa, sin yo saberlo he muerto, soy un Zombi, un muerto viviente.

Vosotros que leéis esto, no os dejéis engañar por las apariencias, seguramente también seáis zombis, cualquiera de los muchos con los que me he cruzado en la ciudad en un día aparentemente normal.

4 comentarios:

  1. Seguramente todos seamos algo zombis algunas veces, o quizás lo seamos como mecanismo defensa, para no estar expuestos continuamente a daños, dudas,... También veo muchas veces en las que somos sensiblse con los de alrededor, nos duele ver que alguien lo pasa mal y nos quebramos la cabeza para intentar poner un granito que ayude a mejorar algo las cosas,... Estamos vivos, aunque a veces no resulte fácil. Besos

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  2. Grandes verdades!!! Da mucha pena pensar lo poco que nos importa lo que le ocurra a otras personas que no son de nuestro entorno...espero que a partir de mañana cada día sea un poco menos zombie!!!

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  3. Creo que el primer paso es reconocerlo :), y de ahi para alante redimirse...Yo tambien voy zombi por el mundo pero intento ser cada dia un poquito mas consciente

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  4. Debo ser un zombi algo extraño. Algo así como un Zombi Brummel, es decir, en las distancias cortas.
    Me gusta ayudar a la gente en la calle.
    Me gusta dar limosna.
    Me gusta mirar a la gente a los ojos y buscar en ellos como será su vida.

    Eso si, en las distancias Brummel me vuelvo Zombi y espero que el vecino se meta en el ascensor para salir del coche, o espero un rato haciendo que leo la publicidad del buzón para no coincidir, o....

    Vete una temporada a Irlanda. Recuerdo mi epoca en Cork donde todo era amabilidad, saludos en las paradas del autobus, en los pasos de peatones, en las tiendas.
    La ciudad de la amabilidad.

    Enhorabuena. Has logrado que me "enganche" a un blog.
    Abrazo.

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