El sol empezaba a despuntar por el
horizonte. El día estaba despejado, las oscuras nubes del norte ya
hacía días que se habían marchado.
Las hojas de las plantas se encontraban
perladas por millones de pequeñas esferas transparentes, las gotas
de rocío, pequeños diamantes de la naturaleza que como aquellos
dejan pasar a la luz y la transforman en maravillosos arco iris.
Cada una de ellas forma un pequeño
mundo, un mundo que reparte vida por donde pasa.
Las primeras luces del alba dejaban
entrever la hermosura de la primavera. Primero los tonos verdes,
diferentes cada uno de ellos, formando un universo monocromo pero al
mismo tiempo multicolor.
Poco a poco comienza la naturaleza a
despertar, ese despertar que se produce cada amanecer, donde cada
planta parece desperezarse al notar el calor del sol, se sacude para
quitarse las legañas del rocío y se estira. Se estira y muestra
toda su belleza, sabedora que está en su estación, es la Primavera,
la estación de la naturaleza, de la vegetación.
Como por arte de magia, la noche da
paso al día y la oscuridad y los tonos azules dan paso a los verdes
jalonados por miles de estrellas diurnas, flores de todas las
formas, tamaños y colores.
El canto de los pájaros anuncia que el
nuevo día ya está en pleno apogeo, revolotean la campiña con sus
pasadas rasantes buscando el sustento de su prole. El sustento en
forma de insectos, que con el calor del día se afanan en sus tareas
diarias, recogiendo grano, polen, o cualquier cosa que les sirva para
construir sus nidos o almacenar para el duro invierno.
Y allí estaba yo, una adolescente en
medio de tanta belleza, con las dudas propias de la edad pero
decidida a ser alguien importante. Aunque estuviera rodeada por mis
congéneres me sentía superior a las demás. Me encontraba radiante,
pletórica, dispuesta a sobresalir por encima de las demás.
Ansiaba que cualquiera de aquellas
abejas que me sobrevolaban se posaran en mí, es la ley de la
naturaleza. Estaba cargada de amor.
Pero de repente algo ocurrió, los
pájaros echaron a volar, alguien se acercaba. El sol se ocultó, o
al menos eso me pareció. En realidad lo que ocurrió es que un
adolescente se acerco y ocultó el sol tras de sí, se agachó y
nuevamente el sol me ilumino, lo hizo lo suficiente para destacarme
entre las demás, como yo quería. El joven acerco su mano hasta
tocarme y casi sin darme cuenta me arrancó la sonrisa, me arrancó
sin que nadie lo evitara. Poco a poco me fue arrancando pétalo tras
pétalo diciendo “me quiere, no me quiere, me qui...”.
En ese instante me di cuenta que
realmente había nacido para el amor.
Bravisimo¡¡¡¡Me ha encantado¡¡¡El final ha sido de lo mas¡¡¡ que dirian en Mexicos¡¡¡
ResponderEliminarPreciosa descripcion de los colores¡¡¡
La primavera naciendo ahi fuera y yo trabajando a estas horas¡¡¡Un poco de este tipo de aire fresco siempre viene bien
gracias¡¡¡
La primavera nace en el exterior una vez al año, pero en nuestro interior tenemos la posibilidad de conseguir que florezca cada día.
ResponderEliminarMe alegro que te haya gustado.