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martes, 20 de marzo de 2012

Primavera


El sol empezaba a despuntar por el horizonte. El día estaba despejado, las oscuras nubes del norte ya hacía días que se habían marchado.
Las hojas de las plantas se encontraban perladas por millones de pequeñas esferas transparentes, las gotas de rocío, pequeños diamantes de la naturaleza que como aquellos dejan pasar a la luz y la transforman en maravillosos arco iris.
Cada una de ellas forma un pequeño mundo, un mundo que reparte vida por donde pasa.

Las primeras luces del alba dejaban entrever la hermosura de la primavera. Primero los tonos verdes, diferentes cada uno de ellos, formando un universo monocromo pero al mismo tiempo multicolor.

Poco a poco comienza la naturaleza a despertar, ese despertar que se produce cada amanecer, donde cada planta parece desperezarse al notar el calor del sol, se sacude para quitarse las legañas del rocío y se estira. Se estira y muestra toda su belleza, sabedora que está en su estación, es la Primavera, la estación de la naturaleza, de la vegetación.

Como por arte de magia, la noche da paso al día y la oscuridad y los tonos azules dan paso a los verdes jalonados por miles de estrellas diurnas, flores de todas las formas, tamaños y colores.

El canto de los pájaros anuncia que el nuevo día ya está en pleno apogeo, revolotean la campiña con sus pasadas rasantes buscando el sustento de su prole. El sustento en forma de insectos, que con el calor del día se afanan en sus tareas diarias, recogiendo grano, polen, o cualquier cosa que les sirva para construir sus nidos o almacenar para el duro invierno.

Y allí estaba yo, una adolescente en medio de tanta belleza, con las dudas propias de la edad pero decidida a ser alguien importante. Aunque estuviera rodeada por mis congéneres me sentía superior a las demás. Me encontraba radiante, pletórica, dispuesta a sobresalir por encima de las demás.

Ansiaba que cualquiera de aquellas abejas que me sobrevolaban se posaran en mí, es la ley de la naturaleza. Estaba cargada de amor.

 

Pero de repente algo ocurrió, los pájaros echaron a volar, alguien se acercaba. El sol se ocultó, o al menos eso me pareció. En realidad lo que ocurrió es que un adolescente se acerco y ocultó el sol tras de sí, se agachó y nuevamente el sol me ilumino, lo hizo lo suficiente para destacarme entre las demás, como yo quería. El joven acerco su mano hasta tocarme y casi sin darme cuenta me arrancó la sonrisa, me arrancó sin que nadie lo evitara. Poco a poco me fue arrancando pétalo tras pétalo diciendo “me quiere, no me quiere, me qui...”.

En ese instante me di cuenta que realmente había nacido para el amor.


2 comentarios:

  1. Bravisimo¡¡¡¡Me ha encantado¡¡¡El final ha sido de lo mas¡¡¡ que dirian en Mexicos¡¡¡
    Preciosa descripcion de los colores¡¡¡
    La primavera naciendo ahi fuera y yo trabajando a estas horas¡¡¡Un poco de este tipo de aire fresco siempre viene bien

    gracias¡¡¡

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  2. La primavera nace en el exterior una vez al año, pero en nuestro interior tenemos la posibilidad de conseguir que florezca cada día.

    Me alegro que te haya gustado.

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