¡ Que poco disfrutamos de las
maravillas que tenemos a nuestro alrededor !. Unas veces por
desidia, otras por dejadez, las más por prisa, el caso es que
diariamente recorremos lugares de nuestra ciudad a los que prestamos
la misma atención que a las paredes de nuestro portal.
Como nos ocurre con tantas y tantas
cosas (y personas), por el mero hecho de tenerlos junto a nosotros
los usamos pero no los valoramos en su plenitud. Sin embargo no nos
cansamos de glosar las maravillas de cualquier lugar del mundo que
recorramos, París, Londres, Roma, Berlín,... cualquier ciudad nos
parece más impresionante que la nuestra.
Pero resulta que la nuestra es Madrid,
ciudad multicultural donde las haya, que esconde avenidas
majestuosas, callejas abigarradas, museos, parques,... también es
cierto que últimamente proliferan los engendros arquitectónicos que
dan que pensar sobre la calidad de la titulación de arquitectura en
este país (pero eso es otra historia).
De todos los lugares de Madrid hay uno
al que le tengo un cariño especial, la vereda del Manzanares a la
altura de San Pol de Mar. No se si será por la cercanía o porque
fue donde empecé a recorrer kilómetros corriendo, porque me
llevaban mis abuelos a Casa Mingo o quizás por ninguna de ellas.
Lo cierto es que es un lugar donde me
siento muy bien. El recorrido desde el Puente de los Franceses hasta
el puente de San Pol de Mar por el margen derecho del río es de los
más agradables que se puedan encontrar en Madrid. A un lado dejas
la M-30 con su tráfico espantoso, al otro la Avenida de Valladolid
que no le anda a la zaga.
El caso es que entre ambas se encuentra
una senda flanqueada de árboles donde se pueden encontrar muy a
menudo pescadores ejercitando la pesca “sin muerte”, porque
aunque pueda parecer extraño, en esta parte de la ciudad el río
Manzanares parece un verdadero río, con sus puestos de pesca, sus
piedras descolocadas haciendo el cauce, sus casitas para los patos y
sobre todo su agua, tranquila y de una calidad más que aceptable.
Atrás quedaron esos años donde el mero hecho de acercarse ya
suponía un suplicio para nuestros olfatos.
Pero eso no es todo, se puede escuchar
el ruido de los pájaros, observar a mama pata con su purriela
chapoteando por el agua, niños jugando y perros sacando a pasear a
sus amos (siempre es así aunque digamos lo contrario).
Y eso no es todo, si levantamos la
vista podemos observar de fondo una de las vistas más bonitas de la
ciudad, primero la Catedral de la Almudena, muchísimo más
majestuosa desde esta posición que si nos acercamos hasta su base.
Al fondo la impresionantecúpula de la Basílica de San Francisco el
Grande, tercera más grande la cristiandad solo superada por dos
templos de Roma, como no podía ser de otra forma (que casualidad, en
esto estamos por delante de París y sus Inválidos, Londres y su
Catedral de San Pablo e incluso de Estambul con su Santa Sofía). Un
poco más adelante llegamos a divisar el Palacio Real (que no la casa
Real como me han preguntado esta tarde unos turistas en Opera),
bastante menospreciado por el uso que de el hizo un gobernante de
este país, olvidando toda su historia anterior y posterior (que
también la tiene).
Pero también tenemos en el margen
izquierdo la Ermita de San Antonio de la Florida, con sus
impresionantes frescos de Goya. Y si nos adentramos en los aledaños
del Parque del Oeste descubriremos el muy poco conocido cementerio
donde reposan los Héroes del 2 de Mayo y un poquito más arriba la
impresionante Rosaleda del Parque del Oeste, que estos días se
encuentra en su máximo esplendor con su concurso anual de rosas.
Al final me he desviado de la senda
marcada inicialmente. Y es que Madrid tiene demasiado lugares
hermosos y si tienes la suerte de recorrerlos en buena compañía,
¿ para qué salir de esta ciudad ?.
Disfrutadla.

Esos sitios me suenan :) y efectivamente no tienen nada que envidiar a otros sitios ni Madrid a otras ciudades. Disfrútala en buena compañía.
ResponderEliminarUn abrazo
Me alegra que conozcas estos sitios y que además te gusten.
EliminarMuchas gracias por leerme y por compartir tus impresiones sobre lo que escribo.
Un abrazo.
Creo que tienes razón... hay sitios muy bonitos pero con buena compañía todo se disfruta mucho más, te propondré otro por si también me quieres acompañar... un beso.
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