Vuelta al colegio, vuelta a la rutina.
Aunque a decir verdad, lo que a los adultos nos parece rutina a los
niños les parece algo totalmente novedoso.
¡ Que diferente forma de afrontar las
cosas !.
Y todo empieza desde unos días antes,
cuando empiezan los nervios por lo que vendrá, por saber que se
encontrarán cuando lleguen, si estarán todos sus compañeros, si
faltará alguno de sus mejores amigos, si el profesor será fulanito
o menganito,... Y así podría continuar hasta cansarme, porque ellos
encuentran en cada situación algo importante.
Por el contrario los adultos afrontamos
la vuelta al trabajo con la mayor de las resignaciones, sin un atisbo
de motivación que nos ayude a sobrellevarlo. Claro que a diferencia
de los niños nosotros si sabemos con lo que nos vamos a encontrar,
la misma gente, el mismo trabajo, la misma decoración, los mismos
problemas,... Y así podría continuar hasta cansarme, porque los
adultos nos cuesta horrores encontrar elementos positivos en nuestro
día a día.
Y llega el momento, y salen de la cama
con una cara que es todo un poema, que parece que no han dormido en
toda la noche, que seguro que no está muy alejado de la realidad,
porque la normalización de horarios después de las largas
vacaciones es costosa, ríanse del jetlag después de una semana de
viaje porque este viaje dura casi tres meses.
¡ Pero que poco les cuesta entrar en
acción !, basta un desayuno, unos minutos de dibujos y ya están
dispuestos a todo, preparados a comerse el mundo. Aunque los hay que
les cuesta un poco más y todavía salen de casa pensando que no ha
sido buena idea levantarse, que algo falla en este día por mucho que
luzca el sol.
Claro que esto dura hasta que se cruzan
con el primer amigo, y aquí todo cambia. Ya no se acuerdan que si le
están viendo a esta hora es porque han tenido que madrugar. ¡ Que
leches !, gracias a que han madrugado ya están con un amigo al que
hace meses que no ven, y hay tantas cosas que contarse, que
preguntarse, que compartir. Porque realmente les interesa todo lo
que los demás les quieran decir, y poder contar ellos también lo
que han pasado.
Exáctamente igual que los adultos, que
sabemos que cuando lleguemos tenemos que soportar las historias de
vacaciones de todos los compañeros, que parece una competición para
ver quien se lo ha pasado mejor, quien ha hecho la mayor salvajada
(en todos los sentidos), quien es el que ha conseguido todo eso
gastándose tres reales,...
En fin, que ya estamos de vuelta a la
rutina, que el tiempo pasa y las cosas no mejoran, al contrario, van
a peor porque cada vez tenemos más años y cada vez nos alejamos más
de la infancia. Bendita infancia.
Protejámosla porque es de las pocas
cosas que nos hacen soltar una sonrisa en esta realidad en la que
vivimos.
Bravo.
ResponderEliminarSe te echaba de menos.
Bienvenido a la rutina.
Besos
Mamen